domingo, 30 de mayo de 2010

Quien avisa...

Me parece que más de uno o de una se llevarían una decepción si me conocieran en persona. No sé qué imagen doy, no puedo calibrarlo, pero ya aviso que yo sólo soy una ama de casa que colecciona libros (y no todos para leérselos) muy preocupada por el precio de las cosas y bastante insociable. Además, está todo esto de la enfermedad mental que parece que la gente mientras transmites la imagen que ellos esperan no tiene en cuenta, pero que cuando empiezas a desviarte de los raíles espanta a más de uno (y de una). No soy una persona fácil y ni tan solo tan inofensiva como parezco. Y me gustaría que nadie olvidara que si escojo estar sola es por algo.

sábado, 29 de mayo de 2010

Ay, ay, ay...

Esto del blogger está empezando a hacer el burro... no sería nada extraño que pronto me fuera imposible publicar el blog... sólo piden que cuentas google y numeros de móbil y yo que sé... yo que me creía que podía obviar sus alargados tentáculos... Dependiendo de lo que me pidan no publicaré más el blog, o sea que ya os aviso (y me aviso a mí misma... ). Espero que eso sea un hasta luego...

jueves, 27 de mayo de 2010

Rasgar el velo

Me resulta difícil hablar de ello, pero bien, estoy segura que el lector atento ya ha notado que eso que las vecinas nos odian es parte de mi paranoia. El otro día pasó algo que me permitió rasgar el velo. Me parece que durante todos estos años he vivido engañada, creyendo que la gente era de una manera, y son de otra muy diferente. Quiero decir que no hay ningún complot en el barrio para amargarnos la vida ni todos los vecinos van a la una ni tan solo son amigos entre ellos ni son malas personas. Cada cual va a la suya y cada cual tiene sus opiniones, y si bien es verdad que hay críticas y cotilleo, darle demasiada importancia es tener la piel muy fina. Me parece claro que si en casa no nos integramos es por culpa nuestra. Ahora, eso no quiere decir que yo no esté enferma y que en cualquier momento no pueda volver la sensación de ser rechazada. Tener estas sensaciones irracionales no ayuda precisamente a disfrutar de la vida.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Cuestión de méritos

Algo que me sabe mal de esto que los políticos se bajen el sueldo es que, implícitamente, con ello están reconociendo que para la miseria que hacen no se merecen cobrar tanto. Que por su productividad no merecen sus sueldos (que ya son bajos de por sí con relación a los sueldos de los trabajos directivos de verdad). Bajándose el sueldo están conociendo que no se lo merecen, y que por tanto no lo hacen bien. ¡Cómo querría que tuviéramos unos políticos que “merecieran” que les subiéramos el sueldo!

martes, 25 de mayo de 2010

La música dels valents

De los cobardes nada se ha escrito, ¡pero lo que se ha escrito de los valientes ellos mismos no han tenido manera de leerlo!

Justicia arbitral

La justicia arbitral es a la justicia lo que la música del silbato arbitral es a la música...

Escribir muy poco seriamente

Ayer hablé de un tema propio de las revistas del corazón, poniendo en evidencia que compro revistas de estas (si la Lecturas me enviara un pavo por Navidad diría que hojeo la Lecturas, pero como no creo que lo hagan no lo diré...). Escojo esta porqué son bastante respetuosos con las personas que salen en ella, dentro de la inevitable mala baba que tienen estas noticias a veces. Buen seguro que hay más de un lector que se sorprende que una aspirante a escritora seria como lo soy yo hable de revistas del corazón y de fútbol, y en cambio no se vea con ánimos de hablar de política. Supongo que tenéis razón, pero creo sinceramente que es más obscena la política que no lo es toda esta gente que venden su vida privada a las revistas del corazón. Esta gente no engaña a nadie ni predican nada: viven de ello y no lo esconden. En cambio los políticos cuando hablan por la radio sólo predican moral y buenas costumbres y honradez para los pobres, cuando en realidad tienen los armarios llenos de esqueletos y corruptelas. ¿Cómo se puede tener tanto estómago para hacer algo así y salir, fresco como una rosa, a predicar “moral”? Eso lo encuentro más obsceno que esta gente que sale en las revistas del corazón, sinceramente, y por ello encuentro las revistas del corazón y la sección de fútbol más dignas de respeto que la sección de política de los periódicos. Y lo siento si por ello parece que no puedo aspirar a la etiqueta de “escritora seria”.

lunes, 24 de mayo de 2010

Las dos caras de la misma moneda

He acabado de leer (por fin) El canto y la ceniza. La parte de Marina Tsvetáieva ya la había leído el año 2007. Ahora he leído la parte de Ana Ajmátova, que sólo había picoteado. Dos poetas muy diferentes, pero que entiendo que las pongan juntas. Marina era inestable emocionalmente, vibraba o caía en el pozo sucesivamente; Anna es mucho más equilibrada, casi marmórea, diría yo, no parece que tenga urgencias emocionales de la manera que las tenía Marina. Los poemas de Marina Tsvetáieva, por lo que recuerdo, se centran principalmente en las personas de su alrededor que amaba, la relación tormentosa que tenia con ellas. Los poemas de Ana Ajmátova escuchan, pintan Rusia desde la voz de una persona que vive el destino de su tierra con mucha tristeza. Hay poemas que emocionan realmente, pero su emoción es muy contenida, fría y medida, casi, pero muy intensa. Emoción marmórea, así definiría a Ana Ajmátova, supongo por su perfección formal (puede parecer atrevido hablar de “perfección formal” en una doble traducción como esta; se trata más bien de una intuición). Marina era más de emborracharse con los poemas, de consumar una intensidad torturada. Debía ser todo un carácter, pero Ana era una mujer fuerte que escribía des de la paz interior. Cuando me cayó este libro en las manos y leí el prólogo ya escribí que sufrir como lo hacen ellas me parecía un precio muy alto a pagar para escribir como ellas. Todavía me parece que sufrieron demasiado, y que lo hicieron injustamente, pero allí mucha gente sufría, y como no escribieron ni los tenemos en cuenta. De alguna manera, los poemas de Ana reparan eso. Marina es una voz individual que explica lo que ella sufrió, pero Ana presta la voz al sufrimiento del pueblo. Me parece que eso ha de hacer sentir orgulloso a un poeta, por más que haya sufrido mucho. Para mí, Marina Tsvetáieva es una seda azul bordada, pero Ana Ajmátova es la nieve, la nieve de Rusia. También escribí que ambas podrían ser el canto, pero que a buen seguro se pelearían para ser la ceniza: bueno, ahora ya sé cual de ellas es el canto y cual la ceniza, entendiendo ceniza por tristeza.

Un pellizco de rancho para el monstruo

Después de casi cuatro años de existencia y más de cuatrocientas entradas, esta bitácora ha cobrado vida propia; si no le presto la atención debida, salta de la pantalla para quejarse. Como el monstruo en su laberinto, también es una fiera a la que hay que alimentar. Para mi suerte, todo cuanto le doy me lo devuelve con creces.”

Jordi Doce
(del blog Perros en la playa)

Objetos de deseo


Ya sé que me diréis: critico a la actriz por ser mujer-objeto, pero, tal y com hablo del actor, también le estoy convirtiendo en hombre-objeto. Aquí hay una contradicción. No le digo a él que “lea”. Tenéis razón y no tengo nada que objetar. Se lo debería haber dicho, también. Pero... esta gente han escogido ser objetos del deseo de la otra gente y ganarse la vida con ello. Y no creo que sea cuestión que hayan leído poco, sino que han tenido las cualidades necesarias (y el talento) para escoger convertirse en lo que querían. Aconsejarlos que lean cuando se ganan tan bien la vida como objetos de deseo (que ellos no quieren ser otra cosa) es un poco absurdo... Pero, más que nada, yo les aconsejaba que leyeran para no convertirse en objetos también en su vida privada. Ahora, en este trabajo que tienen eso quizá es inseparable, y supongo que si quieren llegar a algo, se ven obligados a relacionarse con una serie de gente con poder en el mundillo y a ser objetos para esa gente... Como Banderas, al que le dijeron que si quería triunfar en Hollywood debía ir a una serie de fiestas y “conocer” a un montón de gente importante... ¿para que os pensáis que son fiestas y no reuniones en despachos? O sea que nada que decir. Ellos escogen eso y se ganan bien la vida con ello. Es más, lo que ellos hacen es un modelo de éxito aceptado y considerado digno de imitación por nuestra sociedad. ¿Quién soy yo para decirlos que “lean”? Tendréis razón si me consideráis completamente ridícula.

domingo, 23 de mayo de 2010

Leer, ¿para qué?

Hoy, cuando he oído a Javier Bardem dedicando su premio a Penélope, me ha venido a la cabeza aquello que dije que la Penélope era una mujer-objeto y que le convendría leer más. ¡Ay! Con ese pedazo de hombre entre las piernas, ¿quién puede pensar en leer? Me alegro que la vida amorosa de Penélope se haya estabilizado. Espero que duren.

sábado, 22 de mayo de 2010

Sentada suplementaria sobre los macarrones

Cuando estoy en casa o en el coche, necesito sentir de fondo el rum-rum de la radio, aunque no escuche con atención lo que dicen. Por decirlo de alguna manera, me incomoda el peso del silencio. Es decir, que evito quedarme sola con mis propios pensamientos, porqué el flujo continuo de la radio sustituye de alguna manera el flujo continuo de lo que pienso o como mínimo lo hace más soportable. Horror vacui, me parece que se llama. En principio, no es ningún mal, pero me acuerdo que aquel libro de Simplifique su vida, en el que ya sabéis que creo mucho, aconsejaba sentarse en silencio a escuchar el flujo de los propios pensamientos para conocerse mejor a uno mismo y tomar las decisiones acertadas. Eso es mucho más difícil de lo que parece, como mínimo a mí me resulta muy difícil. Y no porqué no me interese lo que pienso, sino porqué resulta mucho más cómodo no pensar. Quedarme un rato en silencio, sin el rum rum de la radio, normalmente sirve para que se me ocurran un montón de idees sobre cosas de las que podría escribir, y después de un rato de silencio me lanzo a escribirlas directamente. (De todos modos, cosas de las que escribir también se me ocurren con el ruido de la radio de fondo.) Me lanzo a escribir para parar los pensamientos con una acción. Porqué, lo que es pensar sobre mi vida y sobre los problemas reales que tengo y como solucionarlos... pues lo evito tanto como puedo, para que negarlo... Y es que si piensas demasiado haces las cosas diferentes de cómo las harías actuando por impulso, y eso que en principio es bueno puede tener consecuencias inesperadas. Por ejemplo el día que decidí lanzarme al tren, estaba tan “llena” con la idea que no escuché la radio en todo el rato, me sobraba el ruido. Claro que estaba en un estado de exaltación, no era una situación normal. Cuando estoy en estado de exaltación, por ejemplo cuando he charlado animadamente con alguien, no necesito la radio para nada. Entonces repasar los recuerdos de la conversación es mucho más interesante. Y eso no lo hago adrede, los recuerdos vuelven como el eco, mi cabeza es así. Pero, en los días normales, si apago la radio para empezar a pensar en mis problemas lo que es más probable que pase es que me deprima y que me asalten una serie de pensamientos negativos. Por tanto, ¡cuidado! Quizá sí que el flujo hipnótico de la radio me ayuda a estar animada.

Cuando digo que la radio es “hipnótica” en este contexto, no quiero decir una hipnosis “dirigida”, digo “hipnótica” en el sentido de necesidad de continuidad del ruido para llenar la nada.

viernes, 21 de mayo de 2010

Hipnosis, la la la...

Sé que un día escribí que nadie nos obligaba a mirar la tele. Pero... tampoco lo tengo tan claro como eso. Más que nada por lo que a mí me pasa con la radio. Según como, siento que las musiquillas de la publicidad son hipnóticas: no me interesan en absoluto los anuncios, pero que se me van los oídos hacia ellos, no puedo dejar de escucharlos. Y sé que la tele, que además del sonido tiene imágenes (lujo y sexo) acaba siendo mucho más hipnótica que la radio. No quiero decir con ello que haya un complot internacional para tenernos hipnotizados ni nada de eso. Lo único que quiero decir es que dejar de escuchar la radio o de mirar la tele y decidir que “eso no quieres escucharlo” es mucho más difícil de lo que parece, y que requiere un esfuerzo. En cambio, continuar hipnotizado, continuar pendiente del flujo continuo de un aparato en el que continuamente pasan cosas, en el que continuamente de dicen cosas, es mucho más fácil. Cuanto más rato se pasa ante la tele o escuchando la radio, más cuesta pasar sin ello, sobre todo si pasas muchos ratos de soledad. Yo soy mucho más partidaria de la radio que de la tele, más que nada porqué creo que la programación de la radio tiene más calidad que la de la tele, pero reconozco que la radio también me hipnotiza, quizá de una manera diferente de cómo me hipnotizaría la tele, pero no puedo deshacerme del flujo continuo de las musiquillas de los anuncios tan fácilmente... y el “zapping”, escuchando la radio, es mucho más incómodo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Enfermos y señores enfermos

¿Sabéis qué me da más rabia de todo eso de Millet? Que, para insultarlo de verdad, los periodistas no dicen que es un ladrón... para insultarlo de verdad dicen que es un “enfermo”. Me da mucha rabia que lo peor, lo peor que se le pueda decir a alguien que ha hecho lo que ha hecho sea que “está enfermo”. Que lo peor que se pueda decirle no sea que es un ladrón, pocas veces le tratan de ladrón por la radio: lo más fuerte que se les ocurre decirle es que está enfermo... que está mal de la cabeza... Es cuando le llaman enfermo que creen insultarlo de verdad, no llamándole ladrón... Yo me pregunto, la gente que estamos enfermos de la cabeza de verdad, y que jamás hemos robado nada, (¡no tenemos tanto morro! - ¡porqué no es una cuestión de estar enfermo, es una cuestión de tener un morro que te lo pisas!), pues, los que estamos enfermos de verdad, ¿qué cara se nos queda al oír algo así?

martes, 18 de mayo de 2010

El patriotismo literario

Algo que me hace gracia es que el año pasado los medios de comunicación de aquí armaron mucho revuelo con todo eso que el barça havia ganado el triplete y que pocos equipos lo habían hecho y que si patatim que si patatam y que si bla bla... Pero es que resulta que este año hay dos equipos más que pueden ganar el mismo triplete, el bayern alemán e el inter italiano. ¿Os pensáis que ningún programa deportivo dedicará ni media línea a hablar de ello? De ello deduzco que lo importante no es hacer el triplete, ¡lo importante es que nuestro equipo haga el triplete! Deduzco que lo importante no es el fútbol, saber cual es objetivamente el mejor equipo o el más ganador, sino el patriotismo, que podamos decir siempre que nuestro equipo es el mejor; lo que es importante es lo que gane nuestro equipo, y que, si hay otros equipos que ganan lo mismo, entonces es completamente irrelevante porqué no son nuestro equipo.

En nuestro país nos pasa un poco lo mismo que nos pasa con el barça con la literatura. La única diferencia es que el barça hace efectivamente buen fútbol y nuestra literatura... buenooo... Hablando de nuestra literatura, a veces pecamos de demasiado patriotas y de poco versados en al calidad literaria y el valor relativo de los textos frente a textos de otras culturas. (Quien dice otras culturas, quiere decir sobre todo, la cultura anglosajona.) No digo con ello que la literatura catalana sea inferior, sólo digo que a veces el patriotismo nos ciega a la hora de evaluar a nuestros propios escritores, y que hay escritores que reciben una atención por el simple echo de ser de aquí que entonces no se traduce en traducciones ni en prestigio en el extranjero ni en nada de nada, y parece que ni nos preocupe. Esta idea, la del patriotismo por encima de la calidad de la literatura, no es mía, la saqué del libro Un tranvía llamado texto, que si se ha reeditado debe ser por algo, donde decía que lo que debíamos hacer es fijarnos en la literatura universal y romper con la endogamia y la cerrazón. Yo estoy de acuerdo, con estas ideas, pero no veo que en este mundo de los blogs nadie esté demasiado de acuerdo, al contrario, el patriotismo, o patrioterismo -como decía aquel-, entendido por literatura, está al orden del día, y además es lo que está bien visto.

Rodrigo Fresán dice que la patria de un escritor es su biblioteca.

lunes, 17 de mayo de 2010

Suspiros de papel

Hoy, leyendo blogs, me ha venido a la cabeza qué pasaría si lo mismo que leo en los blogs lo leyera en libros publicados. Quiero decir el tipo de libros que me compro e intento leer. Y con mucha tristeza me doy cuenta que la mayoría de textos que leo en los blogs no resistirían la publicación en “libro”, más que nada porqué están como a medio hacer, les falta depuración. ¡Los hay que incluso creen que el valor de escribir en un blog radica en poder publicar textos sin repasar! Alguna de estas personas, que no saben que es el “ritmo”, ha publicado algún libro en papel y todo... ¡con los materiales del blog! (No diré nombres para no herir susceptibilidades.) Si ya resulta espeso en el blog, imaginaros como debe ser leer un libro escrito así. Pero ello también me hace pensar que publicar “en libro” requiere otros ritmos que no son los del blog, y que muchas cosas que parece que funcionan en un blog podrían quedar como muertas si fueran publicadas en un libro. Incluso los blogs que más me gustan, y que creo que sus autores escriben mejor, ¿resistirían de ser publicados en libro? (Y los blogs que han sido publicados en libros de verdad no son precisamente los que más me gustan). Una de las gracias del blog, me parece, la que mantiene enganchada a la gente, es el qué pasará, este “qué dirá hoy esta persona”. Se puede llamar intriga o se puede llamar cotilleo, pero es la gracia de saber que aquello que está publicando lo está viviendo aquella persona en aquel momento. Poca gente lee post pasados de historia. Yo lo había hecho antes, en algunos blogs muy concretos, pero cada vez lo hago menos. Parece que lo único que interesa es el ahora. ¿Esta gracia, la gracia de la inmediatez, se puede trasladar a un libro de papel, donde a la fuerza en diálogo con el lector no es tan vivo? Quizá es más profundo, pero el diálogo con el lector no es en absoluto tan vivo e inmediato. Es por ello que este pruito por otro lado tan inocente que los que escribimos un blog parece que tenemos de pensar que “lo que escribimos sí” que merecería ser publicado en libro... pues es irreal. Un libro tiene otros ritmos. Aunque nos parezca que sí, seguramente “lo que hemos escrito” no resistiría a ser publicado en papel, y que son dos formatos completamente distintos. Yo nunca me compro libros basados “en blogs” porqué ya sé de qué va la cosa... y sé qué material se extrae de los blogs a la hora de publicar sobre papel... con excepciones, claro, pero hablo en general... Se diga lo que se quiera... son formatos diferentes y deben atacarse de manera diferente, y una cosa que se quiera publicar en libro ha de estar como mínimo pensado para los ritmos de los libros... y me diréis que sacralizo demasiado el formato libro y que también hay libros malos que no han salido de ningún blog... bueno, yo hablo de los libros que a mi me interesan, que son libros buenos. No creo que esté sacralizando el libro. Es que lo que está publicado en libro tiene un valor que todavía no ha sido superado por lo que está publicado en internet. No digo que en un futuro no pueda ser así, pero de momento, todavía no les hemos atrapado. Y no creo que la cosa se reduzca a que yo no paso las suficientes horas en internet como para evaluar lo que hay. A riesgo de parecer esnob... en textos cortos sí que existe una calidad en la red, pero para textos de más de tres ideas continuo prefiriendo un libro de verdad.

sábado, 15 de mayo de 2010

Siempre hay quien tira la primera piedra

En la peluquería son unas cotillas, pero las indirectas que me lanzaron no puede decirse que fueran de hechos que no sean verdad. Por ejemplo, aquella chica amiga de la infancia se mostró especialmente interesada en saber por qué yo no había ido al entierro de mi abuela, y las indirectas en este sentido, sin preguntármelo directamente, llovieron a discreción. No puedo decir que no sea verdad que no fui al entierro de mi abuela, pero, teniendo en cuenta que mi abuela vivía en otro pueblo y que ella no la conocía... ¿cómo lo sabe la peluquera? Y, más importante aún, ¿qué le importa a la peluquera?

Explicar problemas familiares en el blog no lo he hecho jamás y no lo haré ahora, de la misma manera que no le expliqué las razones que se moría por conocer a la peluquera porqué, ¡es que no le importa! No me arrepiento de no haber ido y volvería a hacerlo, pero no me considero obligada a dar explicaciones en este sentido a la gente que lo único que quiere es cotillear.

Pero parece que este detalle, el detalle que yo no haya ido al entierro de mi abuela, es un motivo que las vecinas del barrio consideran justificado para lanzarme piedras (quien dice piedras quiere decir criticarme por los rincones y lanzarme indirectas) y señalarme con el dedo como la-chica-que-no-fue-al-entierro-de-su-abuela. Algo, lanzarme piedras, que si no hacen los lectores del blog quizá es sólo porque no conocían este pequeño detalle. Por tanto, considero que tengo la obligación de informar a los lectores de mi blog de este dato para que tengan la opinión de mí que crean que deben tener, no fuera caso que se dijera que yo en el blog sólo explico cosas que me hacen quedar bien... Si la peluquera cree que tiene derecho a señalarme con el dedo por no haber ido al entierro de mi abuela, quizá algunas de las personas que leen el blog también podrían creerse con este derecho; no seré yo quien les privará de ello escondiendo el dato.

O sea que ya lo sabéis. No fui al entierro de mi abuela y además estoy orgullosa de ello. Lanzadme las piedras que queráis.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Efectiviwonder

Un espontáneo me dice que deje ya de hacerme tanto la víctima, que parece que vaya mal follada, y que me dedique a follar más. (Lo que no dice es si él se ofrece voluntario o no para el problema de la jodienda...) Bueno, tendré en cuenta el consejo, claro que sí... (en la medida de mis posibilidades).

martes, 11 de mayo de 2010

De logísticas complicadas

Se ve que en la red, sobretodo en inglés, hay montones de páginas que dan consejos sobre como suicidarse, si puede ser de una manera incolora, inodora e insípida, sin agonizar. Síntoma de nuestra sociedad, en la que queremos que nos lo den todo hecho. ¿Queréis que os diga qué pienso de ellas? Que si una persona está en el delicado trance de querer quitarse la vida y necesita que otra persona la aconseje sobre la manera de hacerlo, es que no tiene tantas ganas de morirse como eso... si alguien quiere morirse de verdad ha de ser capaz de encontrar la manera de suicidarse por si mismo. Las páginas de internet dedicadas al tema son sólo conversación morbosa. Alguien que quiera matarse de verdad no necesita socializar su muerte, pedir consejo o informarse de maneras. Si lo quiere de verdad, encuentra por si mismo la manera de hacerlo. Es que si una persona no es capaz de pensar por si misma un método de matarse... si tu propia cabeza no te da esta respuesta... pues quizá que tu cuerpo no necesita esta respuesta... quizá no quieras morirte tanto como ello... Cioran decía que enfrentarse a la logística que comporta un suicidio es tan complicado y para resolverlo debías embarullarte tanto que se te iban las ganas. Por ello, si no estás de aquel humor especial que te haga capaz de resolverte la logística del asunto en cuestión por ti mismo de una manera rápida y efectiva... pues quizá deberías pensártelo dos veces. Es tu propia cabeza la que debe darte la respuesta. ¡Y si no se te ocurre nada debe ser por algo!

domingo, 9 de mayo de 2010

El día que me bajé al Maelström

Horror y terror: fui a la peluquería del barrio y me “sacaron” que escribo un blog... (ya sabéis como son estos sitios). ¡En la peluquería del barrio! (Que, como todas las peluquerías, es el nido del cotilleo habido y por haber.) Entre indirectas y peloteo, me dijeron cosas de mi vida y de la vida de mi familia en las que yo no había parado mientes ni sabía que se supieran. “Radio macuto” funciona a toda máquina, en este barrio! Tiene las bielas bien engrasadas. ¿Cómo saben todo eso? ¡Si saben más aquellas chicas que los que vivimos en casa, de nuestra vida! Lo que da rabia es que yo no sé casi nada de la vida de ellas, y ni tan sólo me interesa, y no sé si les gustaría que explicara según qué en el blog, como ella sí que explican según qué en la peluquería. Si una de aquellas chicas no fuera una amiga de la infancia y no hubiera un cierto cariño, las indirectas y el peloteo se me habrían puesto francamente mal. Bueno, supongo que habiendo dicho en la peluquería del barrio que escribo el blog, ya debo tener a todo el cotilleo del barrio leyéndolo (el cotilleo no analfabeto, quiero decir); (insconsciente de mí). Bueno, ¡un saludo al cotilleo del barrio! Espero que a partir de ahora nos critiquéis más a gusto que nunca. Coged la servilleta, como mínimo.

(Ahora el problema será, para los lectores auténticos de este blog, si, sabiendo que está el cotilleo del barrio detrás, podré continuar escribiendo con la misma desinhibición con la que antes lo hacía... ¡Eso sí que me sabe mal!)

jueves, 6 de mayo de 2010

Conversaciones en el filo

La señora Catalina tiene 73 años, es viuda, sin hijos; está retirada. Cada día, después de limpiar la casa y de comer coge el autobús y se va al hospital, a acampar a la sala de urgencias. Allí siempre va pasando gente y siempre tienen ganas de charlar; cuando están en situación de sufrimiento, las personas se vuelven locuaces y sinceras. Y se passan muchas horas allí... La señora Catalina disfruta mucho oyendo como la gente le explica sus problemas. Ella siempre les cuenta que está esperando a su marido, que ha tenido un ataque al corazón. Lo que no les dice es que este ataque al corazón se lo llevó ya hace cinco años, y que nunca estuvo ingresado... La señora Catalina se sentía muy sola sin su marido, hasta que un día tuvo que acompañar a una vecina a urgencias. Disfrutó tanto aquel día en la sala de espera hablando con todo el mundo que decidió que tenía que repetirlo, y ahora va siempre, no sin sentir mariposas en el estómago... primero tenía miedo que las enfermeras la echaran, cuando se dieran cuenta. Después de tanto tiempo, seguro que se han dado cuenta, pero nadie le ha dicho nada; ella no le hace daño a nadie. La gente que pasa por allí no se percata. Incluso las personas que en un mismo año han venido tres o cuatro veces, no se acuerdan que con ella ya hablaron la otra vez. Procura no levantar la liebre, pero... Sólo una vez una chica gordita que se esperaba ella sola comiéndose una chocolatina y que era la segunda vez que venía se la quedó mirando con cara de haberlo adivinado todo... Ella jamás come nada en toda la tarde, la señora Catalina no es “de vida”. Después de pasarse allí cinco o seis horas y de haber tenido como mínimo una gran charla con alguien que se está esperando sobre el sentido de la vida y del sufrimiento, vuelve a coger el autobús y se marcha a su casa, sin muchas ganas. Los hay que tiene sus libros; la señora Catalina tiene la sala de espera del hospital.

miércoles, 5 de mayo de 2010

El arte de tener razón

El otro día, escuchando un programa de radio que no escucho habitualmente, me pareció que el presentador era muy vocinglero y que lo único que le interesaba era tener invitados para poder discutir con ellos, y, sobre todo, para poder tener él la razón. Esta fue la impresión que me llevé: que aquel presentador tenía aquel programa e invitaba a aquella gente para poder tener razón él siempre. Lo encontré... qué queréis que os diga...

Pero... pensando, pensado... se me ha ocurrido que quizá eso también es un poco lo que hago en el blog. En el blog siempre tengo razón y ya hace tiempo que nadie me rechista ni me discute nada de lo que digo. Algunas personas quizá no están de acuerdo con algunas cosas, ¡pero no me lo harán saber! Al contrario, siempre que alguien me dice algo, me corrobora y está de acuerdo conmigo... (que no creo que esté mal recibir este tipo de comentarios, aunque me parecen un poquitín irreales...) Pero, normalmente, de gente que no esté de acuerdo conmigo y que me lo haga saber, hay bien poca. Por tanto, podríamos decir que yo también tengo el blog por el mismo motivo que tiene el programa el susodicho caballero: ¡para tener razón! Y, además, es que me encanta tener razón. Ahora, este afán de tener razón lo encuentro... qué queréis que os diga...

martes, 4 de mayo de 2010

Éxito en la vida del twitter

Estoy segura que si eso del twitter tiene tanto éxito es porqué no hace falta saber escribir para escribir en él... Ni tan solamente hace falta saber leer bien. Con 140 caracteres es absolutamente imposible hacer una subordinada... Sólo hace falta saber hacer click. Click, click... Ahora que ya tenemos la posibilidad de dejar por escrito todo aquello que no sabemos escribir, sólo hace falta que alguien invente un engendro para saber qué narices dicen los libros sin que haga falta hacer el esfuerzo de leer ni de escuchar con atención... ya que los libros electrónicos aún no pueden hacerlo, esto... (hay quien dice que es por ello que no tienen éxito...); ¡será el próximo gran invento del siglo!

Éxito en la vida

Cuentan que el amor que recibe la criatura de su madre durante los tres primeros años de vida es crucial para determinar su futuro éxito en la vida. A mí, pero, lo que me intriga de verdad es cómo se mide exactamente este “éxito en la vida”. ¿Quiere decir que el futuro adulto será amado de verdad por su familia y amigos? ¿Quiere decir que de mayor tendrá grandes dotes de liderazgo y será capaz de conseguir el poder? ¿Quiere decir lisa y llanamente que tendrá la capacidad de ganar mucho dinero? ¿Cuándo se considera que alguien ha tenido “éxito en la vida”?

Estoy pensado sobre todo en algunos escritores que han escrito obras que han perdurado a lo largo de los años... por ejemplo, Villon. Es un gran clásico, pero no creo que nadie pueda pensar que tuvo “éxito en la vida”. ¿Podemos considerar que Jane Austen tuvo “éxito en la vida” a pesar de haber escrito un grupito de novelas que todavía ahora leemos? Pessoa, el oscuro oficinista –fuese por obligación o por elección- ¿tuvo “éxito en la vida”? ¿El borrachín de Robert Lowell tuvo “éxito en la vida”? ¿Francis Scott Fitgerald? ¿Sylvia Plath? ¿Anne Sexton? ¿Tuvieron “éxito en la vida”? Y en cambio la obra de estas personas sí que fue un éxito, quizá incluso a pesar de ellos mismos.

De hecho, ahora que se me ocurre, si algo caracteriza a cantidad de escritores es el malditismo, el hecho de llevar la áspera etiqueta de “perdedores” o de personas que precisamente no han tenido éxito en nada más, en nada de lo que, en los cómputos del “mundo real”, se considera que vale la pena. Y paradójicamente muchos de los que se puede considerar que “han tenido éxito de verdad” como escritores son olvidados en poco tiempo y sus libros quedan descatalogados con el paso de los años. ¿Cuándo se considera que un escritor ha tenido “éxito en la vida”, cuándo es muy leído en su época o cuándo sus escritos traspasan la barrera del tiempo?

Me gustaría que alguien me definiera exactamente cuando se considera que alguien ha tenido “éxito en la vida”, y sobre todo, cuando se considera que un escritor ha tenido “éxito en la vida”. Pero, más que que alguien lo haga por mí, supongo que de lo que se trataría es de encontrar mi propia definición de que es tener “éxito en la vida” y qué sería tener “éxito en la vida” para mí.

Voy a pensar en ello.

lunes, 3 de mayo de 2010

Día de bostezos

Lunes, llueve, me he levantado tarde... Eso de la escritura es algo que no quiere horarios ni imposiciones. Cuando notas que llega la ola debes capturarla al vuelo, pero no puedes decirle a la ola: “mira, de 10 a 12 puntual que vamos a trabajar duro”. Eso me hace sentir un poco culpable, como si me dedicara a holgazanear... (Y no está demostrado que dedicarse a escribir no sea la excusa perfecta para gandulear...) Lo que pasa que el humor de escribir, la posibilidad de “conectar” con algo de tu interior, no ocurre todos los días... no siempre estás de humor para expresarte... son necesarios momentos de berberecho, en que no se escribe, la cabeza descansa, pero que son igual de importantes a la hora de “producir”. “Obligación” es incompatible con la palabra “escritura”.

Pero yo ahora mismo me veo “obligada” (por mí misma y las sustancias de mi cuerpo, si se quiere, pero obligada) a escribir un post. Hace demasiados días que no escribo ninguno y mi personalidad adictiva necesita la sensación que se desencadena en mi cuerpo cuando publico uno. Pero ni me siento inspirada ni tengo nada pensado ni se me ocurre nada que valga la pena...

Me doy cuenta que últimamente he escrito muchos post de la categoría las voces de la radio. Muchos post hablando de la actualidad. Eso me preocupa un poco, porqué sé que los textos que hablan de la rabiosa actualidad, de lo que está pasando en este momento, no perduran. Para que un texto perdure... bueno, tampoco es que lo sepa, exactamente, qué hace que un texto perdure. Puedo verlo en los textos de los demás pero no en los míos. Pero sé por experiencia que muchos de los escritos que he hecho hablando de temas del momento han envejecido mucho más deprisa que los otros. Las noticias son flores del día, se marchitan muy deprisa. Pero, incluso sabiendo eso, hablar de lo que por la radio dicen que es la noticia del día es muy tentador, más aún si lo que dicen te indigna y te apetece desahogarte sacando el cuchillo. Ya lo dije una vez: me gustaría que lo escribo perdurara. (Por perdurar quiero decir que tenga validez para aquel que lo lea mucho tiempo después de haber sido escrito.) Pero para que eso pase se debe hablar de temas que tenga una mínima posibilidad de perdurar. Pero, ¿qué pasa si lo que te apetece es hablar del barça? Y últimamente me ha apetecido más que antes hablar de la actualidad. No sé si debería corregir esta tendencia o abonarme a ella. Aunque quiera que mis textos perduren, jamás he hecho el cálculo de pensar: “habla de esto que esto perdurará”. Siempre hablo de lo que me apetece, de lo que necesito decir; de aquello que está candente en mi alma. Por tanto, si algo perdura será pura casualidad... Pero, sabiendo que lo que escribo hablando del barça no perdura... Pues eso, que dudo. ¿Cuál es la “línea editorial” que debería seguir? ¿No son demasiadas pretensiones para un simple blog el presumir de tener una “línea editorial”?

He cumplido con la “obligación” de escribir el post. Desgarbadamente, pero la he cumplido. Y todavía no tengo claro si había “ola” o la ola me la he inventado... ¿Puede ser válido un texto que no venga de la ola de la inspiración? Claro que si tuviera que esperar cada día una ola, probablemente no escribiría ni la mitad de lo que escribo... ¿Puede ser igual de válido un texto que venga de la obligación, y no de la devoción? (¡Qué preguntas me planteo, no creéis? En eso ya se ve que no estoy muy integrada en la sociedad, que digamos...) He escrito este post por “obligación”, sí, pero lo he disfrutado como si me lo hubiera comido con los dedos... Lo he escrito por obligación-devoción, podríamos decir. Debería hacerlo más a menudo...