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lunes, 7 de diciembre de 2015

ADÚLTERAS DE PAPEL

(medievales:)

Isolda
Ginebra 

(decimonónicas:)

Ana Karenina (Ana Karenina, Lleón Tolstoi)
Emma Bobary (Madame Bobary, Gustave Flaubert)
Anita Ozores (La Regenta, Leopoldo Alas - Clarín)
Luísa Mendonça de Brito Carvalho (El primo Basilio, Eça de Queirós)
Laura de Muntanyola (Laura en la ciutad de los santos, Miquel Llor)
Hester Prynne (La letra escarlata, Nathaniel Hawthorne)



martes, 12 de junio de 2012

Hábitos de lectura

Cuando leía novelas, tenía cuatro o cinco de empezadas al mismo tiempo. Cuando hice la transición a leer libros de poesía y ensayo, y aparqué las novelas, al principio el hecho de empezar libros se me desbocó, y llegué a tener cuarenta y siete de empezados, casi cincuenta. Un día me desperté ¡y me pareció una barbaridad! ¡Que modo de engañarme a mí misma!

En un par de años (o quizá tres o cuatro), he conseguido reducirlo a diez libros empezados leídos al mismo tiempo, (muchos acabándolos, algunos dejados para más adelante...). (Y soy pefectamente consciente que tener diez libros empezados al mismo tiempo no es lo que se dice “normal” del todo.) Ahora tengo sólo diez libros empezados y dos impresiones (eso de las impresiones son revistas o textos extraídos de internet). O sea que tengo doce materiales de lectura empezados. Me ha costado reducirlo, porqué periódicamente tengo ganas de empezar un nuevo libro, como un apetito. Hubo una época en que libro nuevo que me compraba, libro nuevo que empezaba: me moría de ganas; y como que siempre he sentido la necesidad suprema de acumular libros, así fue como la cantidad de libros en proceso de lectura se me debocó sin ser consciente de ello, cuando en la época en que leía sobretod novelas acostumbraba a tener como mucho cinco de empezadas a la vez, o menos.

* * *

La sensación de ganas de empezar a leer un nuevo libro la tengo a menudo, sobre todo cuando observo el montón de los libros que estoy leyendo en aquel momento y me animo a mí misma a acabarlos.

* * *

He observado que des que no hago caso de esta sensación de empezar a leer un nuevo libro, y no empiezo tantos, no tengo necesidad de comprar tantos de nuevos, pasa más tiempo entre una vez y otra que he de ir a la fuerza a la librería. Es como si hubiera una relación de vasos comunicantes entre la necesidad de empezar a leer un nuevo libro, la necesidad de acapar libros que me hace sufrir tanto y el miedo de quedarme sin material de lectura, que es lo que me pasa en pesadillas recurrentes. Desde que he puesto el amarre a empezar a leer un nuevo libro, y he empezado a dirigir las ganas de tener uno nuevo, la necesidad de poseer libros no me agustia tanto como antes, poco a poco voy controlando mi adicción.

* * *

También me pasa otra cosa con los libros que leo: que, cuando he leído un trozo, me saturo, necesito “asumirlo”, y descansar, a veces un  día, a veces más, para volver a “querer”, para volver a tener ganas de ponerme, sobre todo si la lectura es espesa y me ha exprimido.

* * *

Cuando me enfrento a la lectura de un nuevo texto, sobre todo si es un texto difícil, siempre hago una primera lectura ligera: se trata de “roturar” el terreno, de hacerme un mapa mental del lugar que ocupa en el mundo, una primera lectura que se tira como el primer sorbo de un catador de vinos, y en la que no me entero de gran cosa, si es que el texto es complicado. Posteriores lecturas habrán de venir a sacar una cosecha real. Dicen que los libros se debe releer, pero no todos los libros que se leen merecen ser releídos, hay que saber cribarlos.

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Llegué a tener hasta cincuenta (cuarenta y siete) libros em empezados. Me encanta empezar un nuevo libro, necesito empezar a leer un nuevo libro periódicamente.

En cambio, me cuesta acabar los libros. Cuando leía novelas me encariñaba con los persoajes y no quería que compartir aquel mundo se acabara. Acabar un libro es una separación, una renuncia. Me acerca a aquel momento anti-mítico en que podría quedarme sin material de lectura...

He de aprender a releerlos un tiempo después de haberlos acabado. Así acabarlos no será tan traumático, y sabré que la separación no es para siempre.

He de aprender a no empezar tantos, a no tener tantos en proceso de lectura, a acabarlos más rápido, y a acabar más. Des que me di cuenta, acostumbro a acabarlos todos, aunque me cueste. Me cuesta por impaciencia de empezar uno nuevo; ahora no empiezo uno si no he acabado uno.

Escoger el próximo libro a leer, decidir que será “este”, es una aventura intelectualmente estimulante en la vida de una lectora. Es aprender a apostar cada vez por un nuevo libro que no sabes si valdrá la pena de ser releído.

domingo, 1 de enero de 2012

En la cáscara

Cuando me paso mucho rato leyendo me siento culpable.

Esta reacción viene de cuando era pequeña y mis compañeras de clase se reían de mí porqué me gustaba tanto leer y no me integraba a burlarme de los demás a su lado (o eres normal y uno más a la hora de agredir, o eres agredido...). Les aguanté muchas bromas que ahora quizá me parecerían inofensivas, pero que entonces me afectaron mucho, y que todavía no he aprendido a relativizar. Bromas de tipo “en la discoteca no se puede leer” y tela de esta. Me lo hicieron pasar realmente mal.

Todo el mundo entendía que leyera si era para sacar buenas notas, pero, si no era por eso, a leer no le veían ninguna utilidad, y yo leía aunque no fuera obligatorio, por la cual cosa merecía ser marginada. Curiosamente debían tener razón, porqué muchas de estas chicas a quienes no gustaba leer (tenía poco glamour) han llegado económicamente mucho más lejos de lo que yo podré llegar jamás; ya en aquella época se veía que eran listas.

Me acuerdo una vez que estábamos en la biblioteca sentados ardedor de las mesas grandes haciendo la hora de lectura que hacíamos siempre y yo cogí mi libro, y como buena futura coleccionista, me puse a leer la página de créditos. Una de estas listillas se dio cuenta y no veáis las bromitas que hicieron todos los de mi mesa porqué leía una parte del libro “que no era obligatorio leer”. Leer aquello para ellas era incomprensible, una prueba faeciente que yo estaba loca. A mí siempre me ha gustado leerlo todo, pero en aquellos momentos no supe argumentar de manera convincente porqué leía “aquello tan inútil”, y quedé como una tonta.

Este sentimiento de culpa por no ser normal y no despreciar la lectura que aflora cuando me paso mucho rato leyendo es el mismo sentimiento de culpa que aflora cuando me doy cuenta que pasan los días y todo lo que he hecho ha sido escribir, y que así no me ganaré jamás la vida.

Instigadas por mi padre, mi madre y mi hermana me habían reprochado muchas veces hasta hace dos años que no me ganara la vida y que hubieran de mantenerme. Hubo una época en que se puede decir que casi cada vez que nos sentábamos a la mesa me lo reprochaban a gritos. Ahora ya no es así, eso ha cambiado, llegan órdenes diferentes. Incluso un día me dijeron que si un hijo no tiene vicios no pasa nada porqué se esté en casa sin hacer nada. No sé qué les ha hecho encender la lucecita, sospecho de alguien de fuera de casa que ha leído que yo explicaba en el blog que me reprochaban el pan que como y que le ha hecho un comentario a mi padre; no sé quien es esta persona, pero le estoy muy agradecida, aunque sería un poco extraño que esta teoría fuera auténtica porqué prácticamente no tengo lectores, y menos que nos conozcan en la vida real... Des de hace más o menos dos años se han acabado aquellas discusiones avinagradas que teníamos en la mesa y fuera de la mesa porqué yo no trabajo; desde hace más o menos dos años me dejan en paz para escribir; ha llegado la calma  a una mar que parecía que iba a ser siempre bravía.

De todos modos, se continúa sobrentendiendo que si puedo estarme en casa escribiendo es porqué estoy enferma, porqué tampoco sirvo para trabajar en un trabajo de verdad, en definitiva, pero que si estuviera bien mi obligación sería la de ganarme la vida.

Este sentimiento de culpa que aflora a veces cuando leo y cuando escribo hace que me pregunte: ¿tengo derecho a pasar así mi tiempo si mis padres deben mantenerme?

Me siento culpable porqué parece que viva de los frutos del trabajo de otra persona, que sea una parásito (me habían tratado muy a menudo de eso, hasta hace poco). Parece que leer y escribir sean la excusa perfecta para realmente no hacer nada. De hecho, en casa ya consideran que no haga nada; consideran que me paso el día ganduleando y que lo que hago no puede considerarse un trabajo porqué me gusta y porqué no produce recursos para sobrevivir.

¿Tengo derecho a ello? ¿Tengo derecho a ello porque estoy enferma y de todos modos tampoco haría nada de bueno? ¿O debería ir a fregar suelos para ganarme la vida, el único empleo que podría encontrar ahora con la crisis aporte de ir a lavar platos? (Claro que eso era antes de lanzarme al tren. Ahora, con las secuelas que tuvo el accidente sobre mi espalda, ni tan solamente podría ir a fregar suelos o a lavar platos... – Algo que no puedo dejar de ver como una ventaja, claro...)

Pero no puedo evitar sentirme muy inútil a veces, a pesar que cada día me levanto de la cama impaciente por hacer lo que más me gusta, y que no cambiaria esta vida de leer y escribir y escuchar la radio por nada del mundo. No querría una vida social activa en el mundo de las apariencias o un empleo que no me realizara, aunque con ello ganara el sueldo que ahora no gano.

Si no me pasara el día leyendo y escribiendo y escuchando la radio seguramente sería una más de tantas personas enfermas que vegetan en el sofá ante la tele. Me alegro que tener un objetivo en la vida, el internet, la lectura, la escritura y la radio me salven de ello.

Me han preguntado muchas veces si no me aburro todo el día en casa sin hacer nada (los asistentes sociales siempre quieren saberlo, eso). No me aburro nunca. Pero, aunque me aburriera y pasara ratos sin saber qué hacer: la creatividad nace del aburrimiento, las ideas vienen de aburrirse y de no saber qué hacer. Para escribir hace falta saber estar en babia. No tengo tiempo material de hacer todo lo que querría hacer, me faltan horas al día para poder escuchar y leer todo lo que querría, pero tengo horas expresamente destinadas a estar en babia, a estar con el santo al cielo, que es la gran actividad que alimenta la escritura; aunque, evidentemente, cuesta defender ante la parroquia que cuando estas en babia estás haciendo algo de provecho...


* * *

Si hace años, cuando decidí inconscientemente hacer autosabotage en las cosas “reales”, continué a pesar de eso con la lectura y el aprendizaje de la escritura, continué preparándome para cumplir mi objetivo en la vida (que siempre ha estado aparte de las cosas reales, un resto inarticulado en el fondo de mi cráneo como una pintura rupestre), fue porqué leer y escribir era lo único que me gustaba, y además sabía que escribiendo nunca llegaría a nada económicamente y que por extasiarme con la lectura nunca nadie me daría trabajo. Tomé la decisión de continuar con estas cosas a pesar del autosabotage (la decisión de continuar con la vida interior y “secreta” y de sabotear todas las actividades de provecho en el mundo real) sin ser consciente y hace poco me he dado cuenta que siguiendo los consejos de un libro de poemas que leí entonces: “carpe diem”, me decían aquellos poemas.

Si explicara a alguien eso del carpe diem se prestaría a confusión, porqué normalmente la gente entiende por carpe diem el emborracharse y el fornicar. Sin que esté en contra de fornicar, para mí el carpe diem siempre ha sido otra cosa. Yo decidí seguir con mi carpe diem particular, lo que para mí era carpe diem. ¿Os imagináis qué relación con el mundo ha de tener alguien para que su carpe diem sea leer y escribir? (Podéis esbozar una sonrisa, evidentemente... sé que vosotros tenéis un carpe diem digámosle “normal”...)

Fornicar siempre es un placer, sobre todo si es por amor, aunque yo no lo practique mucho con otras personas, pero, para mí, las personas por las que su carpe diem es emborracharse huyen de trabajos de mierda en vidas de mierda, si te sientes realizado tus prioridades pasan a ser otras más allá de embriagarte, puedes dedicarte a calmar una cierta necesidad de poesía. Para mí carpe diem es hacer lo que hago, lo que he hecho todos estos años, dedicarme a aprender a escribir.

* * *

Os diré porqué me gusta leer y escribir por encima de cualquier otra cosa en el mundo: porqué mi cabeza es febril (y fabril) como una máquina hiladora, salta de una idea a otra y de un estímulo a toro sin pararse jamás. No soy una persona activa físicamente, de grandes ejercicios o de ir a lugares lejanos, pero mi cabeza no descansa nunca. La lectura y la escritura estructuran mi actividad mental febril (mi cabeza no descansa nunca), y le dan un objeto del que ocuparse que le entretiene y le impide elaborar paranoias, manías persecutorias e ideas negativas respecto a la realidad, y le impide sufrir con la inactividad y con el no tener algo hacia lo que dirigir sus energías.

La lectura y la escritura canalizan la energía implacable de mis pensamientos y le dan una guía bien engrasada para discurrir. Me pasaría el día charlando, sino, y no tengo a nadie con quien charlar, no tengo a nadie dispuesto  solamente escucharme (excepto quizá algún librero o alguna tendera...). Si no pudiera dirigir la actividad inacabable de mi cabeza hacia una ocupación que me gusta, simplemente explotaría.

Nadie me obliga a leer o a escribir, la manera como funciona mi cabeza me obliga; leer y escribir es la manera como le va bien de trabajar a mi cabeza. Tengo una profunda necesidad interior de canalizar así mis energías. Lo que me obliga es esta energía interior inacabable como una llama perpetuamente encendida.

* * *

Me siento culpable por pasármelo bien así porqué siento que soy rara y que debería integrarme aunque estar con los demás me haga sufrir. Cuando iba a la discoteca lo hacía, primero, por influencia de las amigas que tenía entonces, y segundo, por intentar ser normal e intentar pasármelo bien con lo que lo hacía pasar bien a los demás; creía que ir a la discoteca era mi obligación de persona joven; lo odiaba. Mi discoteca era otra (el abecedario, la escritura), pero... ¿tengo derecho a pasarlo bien encerrada en mi mundo leyendo y escribiendo si eso no es “normal”?

¿Cuán sería mi obligación de persona “normal”, eso teniendo en cuenta que por mi enfermedad la sociedad me marca con la etiqueta de persona no normal? ¿Tengo derecho a aislarme cuando no hay nada en nuestra sociedad que se castigue de manera peor que el aislamiento?

En La Regenta, uno de los libros que he leído más veces en mi vida, Anita Ozores acaba como acaba porqué está aislada: vive aparte de la sociedad que la rodea, está aparte de cómo es la gente en realidad y sólo ve las apariencias. El destino de La Regenta es una advertencia.

En la obra Novela de ajedrez, el protagonista acaba loco porqué juega al ajedrez solamente contra sí mismo. El mensaje de la novela es claro: cuidado con las actividades con las que nos encerramos en nosotros mismos y no interactuamos con los demás...

Me han dicho muchas veces que vivir en mi mundo es malo para mí, como si eso fuera una cosa que yo hicera expresamente y no fuera mi manera de ser. Como si fuera algo que yo pudiera escoger. No soy feliz entre los demás. ¿Debo hacerme sufrir intentándolo una y otra vez? ¿No es suficiente con haber sufrido siempre hasta ahora? ¿Me irá mal si continuo aislada, será algo que pagaré? Pero, me estoy encerrada en casa con al etiqueta de enferma mental... ¿puede irme peor? ¿No es esta situación producto de no aceptar la realidad de una relación con los demás ya estropeada de buen principio? Que los que me presionan para que salga de casa aceptaran que no sirvo para la vida social ¿no sería mejor para mí?

Es bueno para mí lo que no me hace sufrir. Y lo que no me hace sufrir es vivir en mi mundo. He llegado a un punto en qué he decidido para siempre jamás que no me gusta el mundo en el que viven los demás. Mientras pueda, continuaré con mis cosas, que es lo que me gusta y lo que no me hace sufrir. Mientras pueda continuaré con mi particular carpe diem, leyendo y escribiendo.

* * *

Uy, uy, uy... me doy cuenta que, aunque hable de carpe diem, el texto me ha quedado más deprimente que una cama de hospital... No quiero que os quedéis con esta imagen... Hoy es el primer día del año 2012 y me he despertado de buena mañanita llena de energía para publicar mi primer post del año. Ya veis que me va la marcha. Dice que lo que haces el primer día del año tiene eco durante todo el año... por eso vale más empezar de buen humor... ¡¡¡Feliz Año Nuevo a todo el mundo!!!



martes, 31 de mayo de 2011

Lista de escritoras

Safo de Lesbos
Murasaki Shikibu
Hildegar von Bingen
María de Francia
Condesa de Día
Marguerite Porete
Cristina de Pizán
Santa Teresa de Jesús
Loise Laabé
Madame de LaFayete
Jane Austen
Charlotte Brontë
Emily Brontë
Elisabeth Gaskell
George Eliot (Mary Anne Evans)
Emily Dickinson
Virginia Woolf
Rosalia de Castro
Anna Ajmátova
Marina Tsvetáieva
Unica Zürn
Else Lasker-Schüler
Ingeborg Bachmann
Anna Frank
Renée Vivien
Régine Pernoud
Frances A. Yates
Wendy Doniger
Irène Némirovsky
Simone de Bauvoir
Sophia de Mello Breyner Andresen
Isak Dinesen (Karen Blixen)
Victor Català (Caterina Albert)
Mercè Rodoreda
Clementina Arderiu
Edith Wharton
Dorothy Parker
Katherine Anne Porter
Mary McCarthy
Marianne Moore
Anne Sexton
Silvia Plath
Sor Juana Inés de la Cruz
Delmira Agustini
Alfonsina Storni
Alejandra Pizarnik
Idea Vilariño
Carmen Laforet
Ana María Matute
Carmen Martín Gaite
Soledad Puèrtolas
Carme Riera
Maria Barbal
Maria-Mercè Marçal
María Zambrano
Hannah Arendt


Alice Munro
Toni Morrison
Wislawa Szymworska
Doris Lessing
Clarice Lispector
Elfride Jelinek
Herta Müller
Svetlana Alexievich
Carson McCullers
Harper Lee
Anaïs Nin
Djuna Barnes
Fraçoise Sagan
Iris Murdock
Alice Walker
Erica Jong
Margaret Atwood
Carol Joyce Oates
Carol Shields
Amelie Nothomb
Adrienne Rich
Goliarda Sapieza
Nina Berberova
Valentine Penrose
Katherine Mansfield
Janet Frame

Margaret Mitchell
Daphne du Maurier
Mary Renault
Rosamunde Pilcher
Susanna Tamaro
Isabel Allende
Donna Tart
Danielle Steel
Corín Tellado
Barbara Garland
Judith Kranz
V.C. Andrews
Victoria Holt
Barbara Taylor Bradford
Stephenie Meyer

Mary Higgins Clark
Donna Leon
Patricia Cornwell
P.D. James
Patricia Highsmith
Agatha Christie

Mercè Company
Maria Gripe

Enid Blyton
J.K. Rowling




viernes, 24 de diciembre de 2010

Las siete vidas de la piel

I

Tener una piel joven y luminosa, sin arrugas ni manchas, se ha convertido en el principal objetivo de belleza de las mujeres y también de cada vez más hombres, a cualquier edad.

Para tener una piel sana e hidratada: lo importante es no agredirla. La agrede el sol (ponerse moreno, ya que el bronceado es un mecanismo de defensa) y la agreden los detergentes y jabones (que rompen el manto hidrolípico que protege la piel y la resecan). Estar muy a menudo al aire libre o un exceso de higiene envejecen. Ducharse deshidrata, entre los jabones y los geles de baño (los geles del super son detergentes) y el agua potable de nuestros grifos, que es calcárea o “dura”: lo ideal sería poder ducharse con agua termal o mineral y con un gel de baño de farmacia. Haría falta ponernos unos guantes cada vez que tuviéramos que lavar los platos o limpiar usando detergentes, jabones o legías. (Es mejor un gel de baño de farmacia barato que un gel de baño detergente de supermercado caro.) Al gel de baño de farmacia se le llama gel dermatológico.

Lugares donde la radiación solar es máxima: en alta mar, en la montaña y en los trópicos. En los países mediterráneos, el sol pica de marzo a septiembre, principalmente desde las 12 del mediodía a las 5 de la tarde.

El 70% de las mujeres españolas no se cree el mito de la “belleza en un tarro” que representan las cremas de perfumería, y muchas sólo usan remedios caseros. El aceite de oliva tiene muy buena prensa. Respecto a los trucos de belleza caseros, yo no soy partidaria de echar a perder comida habiendo en las tiendas productos específicos, pero cada cual puede hacer lo que quiera. Hay quien dice que nada de lo que puedas ponerte “por fuera” puede hacerte demasiado efecto... que se debe cuidar la piel desde dentro, con una nutrición adecuada y bebiendo la suficiente agua. Eso está muy bien, pero las agresiones del sol y de los detergentes actuan “desde fuera”... y si las agresiones hacen efecto “desde fuera”, la protección también puede hacer efecto “desde fuera”.

Conviene usar una crema hidratante de farmacia, aunque no es necesario hacerlo cada día, con una vez a la semana es suficiente, y una crema solar con un factor de protección alto (también de farmacia) si vamos a pasarnos mucho rato al aire libre. Las cremas deben repartirse por la cara, el cuello, el escote y las manos después de haberlos lavado (con agua termal o mineral o con un gel adecuado), ya que si hay suciedad o los poros están obstruídos no penetra tanto. Debe repartirse con un masaje suave, con los dos dedos interiores de la mano, en la dirección del estiramiento facial.

A la hora de escoger una crema hidratante hemos de fijarnos en que contenga silicio orgánico, es decir, sustancias vegetales procedentes de las plantas. No hemos de dejarnos engatusar por las cremas de polvo de oro, de perlas o de diamantes, porqué sólo nos están vendiendo lujo a un precio muy caro, no efectividad. Lo que funciona son los extractos vegetales.

Conviene beber agua suficiente y alimentarse adecuadamente, tomando alimentos frescos y mucha fruta y verdura, aunque haría falta no olvidarse de los hidratos de carbono ni de las proteínas, ni tampoco de las grasas, que también son necesarias. Se debe encontrar un equilibrio, comiendo de todo y no renunciando a nada pero sin cometer excesos. Algo que sería necesario evitar es la bollería industrial y la comida rápida; la comida casera preparada por vosotros mismos con productos de calidad es lo más aconsejable. Es preferible ahorrar en el “ir bien vestido” antes que ahorrar en comida. Es preferible ir al mercado y a la carnicería antes que comprar según qué en el super. Fumar y beber alcohol o mucho café no es nada bueno para la piel. No está sometido a estress también contribuye a tener un buen tono de piel. El estress hace que almacenemos más grasas y estimula las glándulas sebáceas (hace tener la piel más grasa). Tener la piel grasa a una cierta edad no es necesariamente malo, porqué es en las pieles resecas donde se notan mucho más las arrugas. Así y todo el estress haría falta evitarlo, porqué afecta nuestro tono vital.

Así como la crema hidratante y el gel de baño es mejor comprarlos en la farmacia que en la perfumería o en el super, los suplementos vitamínicos, hierbas y cápsulas para adelgazar, cuidar la piel y tener energía que venden en las farmacias y parafarmacias normalmente no hacen nada, y si tiene algún efecto es malo para el organismo. De lo que prometen se podrían tener los mismos efectos con una nutrición equilibrada. Si llevas una nutrición equilibrada no necesitas iogures para ir de vientre ni alzapiles.

Cuidar la piel en los viajes: ir con avión reseca la piel; los cambios de agua resecan la piel, la contaminación ensucia la piel. Lo ideal sería poder lavarse la cara con agua termal o mineral para calmar la piel durante un viaje.

Lo que no se le debe hacer jamás de los jamases a la piel: ¡exfoliarla! La exfoliación es una agresión. En la exfoliación se trata de regenerar la piel. Las celulas de la piel tienen la posibilidad de regenerarse un número limitado de veces en una vida humana. La piel de las personas mayores ya se ha regenerado muchas veces, y por ello ya no tiene tan buen aspecto. Si provocamos que la piel se regenere de una manera no natural (que es lo que hacemos con la exfoliación), sí, tenemos una nueva capa de piel fresca en aquel momento, pero lo obtenemos a costa de gastar una “vida” de la piel, una regeneración. Si la regeneramos demasiado a menudo, tendremos mucho antes de lo habitual una piel que se ha regenerado demasiadas veces, y por tanto envejecida. No hemos de exfoliar jamás la piel, pero si lo hacemos conviene usar una crema hidratante de farmacia después de haberlo hecho en toda la zona exfoliada.

Cosméticos: lo que va mejor es no maquillarse nunca, pero si no hay más remedio que hacerlo es indispensable limpiarse la piel de la cara con una toallita húmeda antes de irse a la cama. ¡Jamás de los jamases ponerse a dormir con la piel sucia de maquillaje! Es aconsejable aplicarse una crema hidratante de farmacia antes de ponerse el maquillaje y también una vez nos hemos desmaquillado. El maquillaje reseca la piel.

Si nos ponemos muchas cremas o nos maquillamos, conviene dejar descansar la piel de afeites un día a la semana, para que respire.

Romperse los granos indiscriminadamente puede dejar manchas oscuras, sobre todo en una piel madura. (Normalmente las manchas oscuras las dejan el sol, los medicamentos o los embarazos.)

Los embarazos o los cambios bruscos de peso también pueden dejar estrías. Para evitar las estrías conviene cambiar de peso gradualmente. También hay quien se embadurna de cremas anti-estrías de farmacia; no sé si van bien, milagros seguro que no hacen. Os aseguro algo: si alguien está realmente interesado en vosotros, no se dará cuenta de vuestras estrías.

A la hora de secarse la piel con la toalla conviene no rascarla ni frotarla con vigor ni estirarla, sobre todo la de la cara. Es necesario secar la piel presionando repetidamente de manera suave o dándole golpecitos blandos con la toalla. Para la cara conviene tener una toallita pequeña y siempre limpia y suave que se use solamente a propósito para eso.

El cabello: es una prolongación de la piel; el cloro de la piscina y el sol, la arena y la sal de la playa lo agreden mucho. Las planchas y los secadores, los tintes, decoloraciones y permanentes, también lo agreden enormemente. El secador sólo debería usarse en invierno, cuando saliendo a la calle con la cabeza húmeda corremos el riesgo de pillar un resfriado; en verano no hace falta, y si tenemos el cabello muy corto tampoco hace falta usarlo nunca, si no somos frioleros; las otras cosas de la lista conviene evitarlas tanto como podamos, aunque soy consciente que un tinte no siempre puede evitarse. Para no agreder tanto el cabello con el secador puede usarse un secador iónico; no he tenido ninguno entre las manos, pero se ve que a la hora de cuidar el cabello van muy bien. Si tenemos el cabello largo conviene usar un cepillo de fibras naturales, de cerdas de jababí, si puede ser, que no agreden tanto la melena. Para dar forma al cabello con un secador un cepillo sintético ya nos sirve, pero darle forma es una agresión a nuestra melena.

Las buenas peluqueras aconsejan lavarse el cabello sólo una vez cada dos días. Lo mejor es lavárselo con un champú de farmacia que no lo agreda. Los champús del super dejan el cabello maravillosamente acabado, son casi cosméticos, pero son muy agresivos, son detergentes. Un champú de farmacia (de tensoactivos suaves) quizá no nos dejará el cabello tan cosméticamente acabado pero nos lo cuidará mucho mejor. Lo ideal sería poder lavarse el pelo con agua termal o mineral. Un truco: si algún día hemos de ir a algún lugar especial, necesitamos estar guapas y vivimos en un lugar de aguas calcáreas o “duras”, va bien enjabonarse los cabellos y aclararlos usando una botella de agua mineral o de agua destilada. ¡Quedan estupendos!

Si tenemos el cabello graso no hace falta usar acondicionador ni mascarilla, la misma grasa que produce el cuero cabelludo tendrá una función de lubricación y protección si nos lo lavamos como muy a menudo cada dos días o menos; si lo tenemos seco, rizado o grueso sí que es aconsejable aplicarse acondicionador al lavárselo –como mucho cada dos días o menos a menudo- y una mascarilla una vez por semana. No sé cuales son los productos más adecuados: deberíamos dejarnos aconsejar en la elección por una peluquera de confianza que entienda del asunto y que no vaya a comisión. Eso también debemos hacerlo a la hora de escoger un tinte.

Si nos lavamos el pelo cada dos días o menos a menudo (algo que va muy bien, por ejemplo, si tenemos tendencia a que nos caiga o tenemos algún claro), observaremos que se nos vuelve más poblado. Pero existe el pequeño inconveniente de que cada dos días no tendremos el cabello perfecto para ir a según donde: no estará sucio, pero tampoco perfecto, estará grasiento, aunque sea por la grasa natural del cabello, que es lo que tiene la función de protección precisamente. Los días que no tengamos el cabello perfecto podemos usar el truco de Grace Kelly cuando no tenía el cabello perfecto: llevar el cabello recogido (en un moño o en una cola de caballo). Eso, sobre todo si tenemos el cabello muy largo, dará un aire “chic” y glamouroso a nuestro pelo untuoso y romperá la monotonía de nuestra imagen.

Lavarse los dientes: conviene hacerlo cada día, pero con una vez es suficiente. Hacerlo demasiadas veces al día rompe el manto hidrolípico de la boca, que también tiene una función de protección. Lo que va mejor es hacerlo después de cenar, quizá no en seguida sino cuando ya no tenemos el buen sabor de la comida a la boca; antes de ir a dormir, porqué la caries actúa mientras el cuerpo descansa. Conviene cambiar de cepillo de dientes cada tres meses. (Los cepillos de dientes que limpian la lengua (¡!) o los cepillos de dientes electrónicos sólo se los compran los que no tiene la costumbre de lavarse los dientes regularmente y se sientes culpables.) Una vez a la semana va bien hacer gárgaras con uno de aquellos líquidos azules, verdes o rojos, como prevención contra el sarro.

Para tener un buen tono de piel hace falta llevar una vida sana (sin alcohol ni tabaco ni drogas) y no sedentaria: es decir, caminar con regularidad (no hace falta machacarse en el gimnasio, con una paseadita al día es suficiente), y hace falta dormir como mínimo ocho horas de manera continuada cada noche, y hacer una siestecita de veinte minutos o media horita a mediodía si es posible. La buena vida activa.

El principal truco de belleza tanto para una mujer como para un hombre, tanto para alguien viejo como para alguien joven, es sentirse amado o amada.

II

Tener sobrepeso es tan malo como fumar, pero empezar cada quince días un régimen espartano que nos hacemos nosotros mismos y que no somos capaces de mantener no es muy inteligente que digamos... Intentar dejar de fumar y fracasar en la empresa cada quince días tampoco es muy inteligente. En general, ganaremos mucho más si aceptamos de una vez por todas que tenemos sobrepeso o que fumamos y que eso es malo para nosotros pero no somos capaces de arreglarlo, es decir, si nos aceptamos a nosotros mismos tal y como somos con alegría, que no castigándonos o sintiéndonos culpables indiscriminadametne sin que eso produzca ningún otro efecto práctico que hacernos sentir mal y hacernos desear comer o fumar todavía más para aliviarnos de la tensión que nosotros mismos nos producimos con el sentimiento de culpa. Hemos de ser conscientes de si el sobrepeso o el hecho que fumemos es una excusa que utilizamos para castigarnos a nosotros mismos y hacernos sentir poco dignos de ser queridos, o hay una voluntad real de cambiar la situación. Si lo hemos probado infructuosamente más de quince veces no hay voluntad real de cambiar la situación, por más que nos engañemos pensándonos que sí... Es la mentalidad de nuestro mundo judeo-cristiano la que nos hace pensar que cuanta más penitencia hagamos y más nos castiguemos (régimenes, gimnasios...) más dignos de ser amados seremos, y que para ser dignos de ser amados lo hemos de pagar y hemos de esforzarnos a veces contra nosotros mismos... Para ser amados hemos de esforzarnos, pero no en nuestro físico. Ahora ya no se va al confesionario y te ponen una penitencia, pero se conserva la mentalidad de “hacer penitencia”: ahora se va al dietista o al gimnasio a purgar los “pecados”. Antes de empezar una cosa de estas, deberíamos sentarnos y reflexionar de qué queremos ser perdonados. Sentarnos en silencio sólo a pensar es algo que deberíamos hacer de vez en cuando, aunque no queramos reflexionar sobre eso en concreto. Saber pasar un rato al día solos en silencio deberíamos saber hacerlo a menudo para encontrarnos a nosotros mismos.

Consolémonos pensado que seguramente el sobrepeso o el fumar no son los peores defectos o las peores debilidades que tenemos, y que para ser queridos de verdad el hecho que fumemos o que estemos gordos no tiene nada que ver. ¿Vosotros creéis que estas modelos que venden la imagen de su cuerpo perfecto a las revistas son queridas de verdad? Que ligan más que vosotros o que ganan mucho más dinero no lo dudo, pero yo no hablo de eso...

En referencia al alcohol, es bien sabido que beber vino con la comida o tomar una cervecilla de vez en cuando puede alegrarte la vida. Se ve que lo que es realmente malo para el cerebro son las borracheras de destilados de grado. Beber con moderación puede ser bueno, pero, ¿cuántas personas saben beber con moderación?

(Hablando de estiramientos faciales: no aconsejo hacerse un lifting quirúrgico ni inyectarse botox a no ser que vivas de eso y te obliguen: primero porqué queda la cara como de cartón, pierde la expresividad natural, y luego porqué al cabo de un tiempo todo vuelve a caer igual, quedando mucho peor de cómo estaría si no se hubiera tocado nada. A este momento se le llama “la hora de la momia”... Además, siempre podrán saber la edad real que tenéis mirándoos el dorso de la mano. ¿Alguien ha visto el dorso de la mano de Cher? Ahora, la ciencia avanza que es una barbaridad... quizá de aquí a unos años esto estará tan perfeccionado que valdrá la pena, pero de momento no lo aconsejo, estas operaciones son un apaño contrahecho, sobre todo si no son todo lo caras que deberían ser. Un famoso puede pagar mucho y consultar los mejores especialistas para que le quede realmente bien, y no siempre le queda realmente bien. ¿Podéis hacer lo mismo vosotros?)

En general, no aconsejo ningún tipo de operación de cirurgía estética. Las operaciones de estética son un síntoma de problemas de autoestima. Una operación no os curará las heridas del alma. Para ello es mejor un buen psiconálisis, pero sin permitir que el psicoanalista tome el control de vuestra vida y os diga lo qué debéis hacer.

Nuestra piel refleja todos los excesos a los que sometemos nuestro cuerpo. La clave no está en cometer los excesos y luego intentar paliarlos con operaciones, gimnasias, tratamientos o maquillaje, sino que se trata de no cometer estos excesos de buen principio. Más vale prevenir.

Antes que sea necesario un estiramiento facial, algo que iría muy bien hacer es no ir a la playa, o no ir cuando la insolación es máxima. Ir a la playa y pasarse horas bajo el sol semi-desnudo es una agresión absoluta a la piel, una de las cosas que más la hacen envejecer. Ahora, ya entiendo que renunciar a ir a la playa es algo que os puede hacer parecer extraterrestres... pero un extraterrestre sin arrugas prematuras. (Uno de los secretos de la perfección de la piel oriental es que a los orientales no les gusta el sol.) Evidentemente, cuando os hagáis viejos tendréis arrugas aunque no hayáis ido jamás a la playa; yo os hablo de no tenerlas antes de tiempo. (Os aconsejo que, si al final decidís no ir nunca más a la playa y no poneros nunca más morenos para proteger vuestra piel, matengaís la decisión en secreto y no se la expliquéis a nadie. Dependiendo de en qué ambientes os mováis, nadie, absolutamente nadie, no lo entenderá o se le ocurrirá que puede funcionar mínimamente, a no ser que sea una persona un poco leída. Y muchas no las hay. Simplemente hay gente a quienes la posibilidad de no ir a la playa no le entra a la cabeza.) O podéis ir a la playa, pero siendo conscientes que los baños de sol envejecen; ahora, luego no perdáis el culo tras las cremas anti-arrugas... También se ha de tener en cuenta que tomar el sol con moderación es recomendable para que el cuerpo produzca una vitamina que necesita y que influye en el estado de ánimo. En eso vosotros mismos tenéis que saber encontrar vuestro equilibrio. Todos los excesos son malos.

No diré que mirar menos la televisión y leer más va bien para el cutis porqué no está demostrado científicamente, pero sino también lo diría... en general, hacer trabajar el cerebro leyendo o estudiando nunca está de más. Pero hacerlo para vosotros mismos, no porqué alguien os diga que debáis hacerlo. Más que saber muchas cosas o tener muchos títulos, lo que hace falta es aprender a esforzarse útilmente para conseguir lo que queréis, no a castigarse con un trabajo duro y frustrante que no te llevará a ninguna parte. Hacer las cosas con ganas y con el corazón, como si danzáramos, ayuda mucho a conseguir resultados, y el secreto del éxito de muchas personas es que están haciendo lo que realmente les gusta. Hablar con alguien que nos escuche también va muy bien. O escuchar nosotros. Es muy difícil encontrar a alguien que realmente nos escuche, y la gente que sabe escuchar siempre se encuentra en una situación de ventaja a la hora de manipular a los demás. Probad de escuchar a la gente de vuestro alrededor y ya sabréis decírmelo... En una primera cita, quien más habla es quien más tiene que perder.

Sé que, cuando se tiene un trabajo muy cansado o estresante que agrede física o psicológicamente y que exige mucho, no es fácil llegar a casa el fin de semana o el día de fiesta y no ponerse a beber o a mirar la televisión compulsivamente para desahogarse. Simplemente queremos desconectar y no pensar. Un caso extremo es el que describe el escritor Jack London en Martin Eden, donde un trabajo embrutecedor y extenuante hace correr al protagonista al bar a fundirse lo poco que gana para desahogarse de la tensión acumulada. Quizá sin llegar a estos extremos, muchos de los trabajos que nos vemos obligados a tener hoy en día ya lo son, eso. Estos consejos son por si tenéis un trabajo que os realice. Si no es así, yo no soy nadie para daros consejos sobre como debéis cuidados, porqué suficiente pena tenéis y estáis en vuestro derecho de tirarlo todo por la borda y estropear vuestra vida tanto como podáis bebiendo, mirando la televisión o haciendo la actividad compulsiva que os haga falta.

III

(fragmentos extraídos del libro Como ser adorable según Audrey Hepburn)

«Para conseguir unos labios atractivos di palabras de ternura.

Para conseguir unos ojos preciosos, busca aquello que hay de bueno en las personas.

Para conseguir una silueta esvelta comparte tu comida con los que pasan hambre.

Para tener un cabello bonito deja que una criatura te pase los dedos por él una vez al día.

Para tener una buena figura camina sabiendo que nunca caminas solo.

Las personas, mucho más que las cosas, deben ser restauradas, revividas, reclamadas y redimidas: nunca menosprecies a nadie.

Recuerda, siempre que necesites una mano que te ayude la encontrarás en el extremos de tu brazo. Cuando vayas envejeciendo descubrirás que tienes dos manos, una para ayudarte a ti mismo y la otra par ayudar a los otros.

La belleza de una persona aumenta con el paso de los años.

La belleza de una persona no está en las facciones de su cara, su verdadera belleza se refleja en su alma. Permanece en la cura que da con amor, en en la pasión que demuestra.

La belleza de una persona no está en la ropa que lleva, la figura que tenga o en como se peine. La belleza de una persona hace falta buscarla en sus ojos, que son la puerta de acceso a su corazón, el lugar donde reside el amor.»