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viernes, 11 de julio de 2014

Ludopatía, bibliopatía

Una vez leí en una novela el caso de un taxista aficionado a las apuestas en los caballos a quien se había diagnosticado una ludopatía. No podía continuar jugando, y él mismo encontró la solución: apuntarse en un cuaderno todas las apuestas que hubiera hecho si se lo hubiesen permitido, cuanto hubiera ganado y cuanto hubiera perdido, todo igual como si apostara de verdad, pero sin apostar.

Por los resultados que reflejaba la libreta se alegraba de todo corazón de no estar apostando de verdad, pero él jamás renunciaría a su nariz para los caballos, al azar, ni se retiraría del mundo de las apuestas. Jugar de aquella forma era como beber café con leche y azúcar, sin café, ni leche, ni azúcar; pero ya veía que no tenía otro remedio.

A mí me pasa con los libros un poco lo que le pasaba a este taxista con las carreras de caballos. Tengo “la codicia de los libros”, y me compraría muchísimos, muchos más de los que soy físicamente capaz de leerme, solamente para coleccionarlos.

Por ello tengo una lista de todos los libros que me compraría si pudiera, ilimitada, paradisíaca. Y, aunque en la realidad pueda comprarme pocos, en las lista los apunto (“los capturo”) como si pudiera permitírmelos todos...

Hacer una lista de los libros que me compraría si pudiera permitirme todos los libros del mundo me ha ayudado mucho a no comprarme libros a la babalá. Ahora sé que por cada libro que me compro estoy renunciando a un montón, y ello hace de que cada nuevo libro que añado al petate un bien muy preciado.


Sí, señor, las listas sirven, ¡y tanto que sirven!

viernes, 20 de diciembre de 2013

No pasa nada

Resulta que siempre he hecho muchas cábalas de las críticas, yo, que lo sobredimensiono todo. Me cuesta superar las opiniones negativas, no solamente sobre mi escritura, sino ya no digamos sobre mi persona. (Si, cuando escribo, una y otra cosa son lo mismo, está aún por determinar...)

Hoy resulta que me he encontrado con el blog de una persona con una facilidad extraordinaria para encajar las críticas. ¿Os acordáis que una vez alguien dijo que mis posts eran pajas mentales, y que me lo tomé muy mal? Pues a ella también se lo han dicho –aunque sin razón-, y ya me hubiera gustado que se me hubiera ocurrido a mí tomármelo de esta manera, dándole la vuelta y pasando a otra cosa como una mariposa sin más ni más, sin sentirme herida o hacer de ello un drama, pudiendo decir “quizá mis posts son pajas mentales, sí, ¿y qué?.” Y continuar tan satisfecha de mi misma (y de mi escritura) como antes, como siempre...

Pero yo no soy así, debo ser consciente de ello. Uso las críticas negativas para auto-flagelarme y hacérmelo pasar mal a mí misma (y a veces a los demás), sobredimensionándolo todo hasta límites insospechados. Mi autoestima es quebradiza como una telilla de leche. Aquí sí que estaría bien dedicar un par de pensamientos y reflexiones, tomándomelo con optimismo... una de estas “pajas mentales” que tanto me gusta perpetrar... y convencerme a mí misma que no porqué alguien critique floridamente mis posts debo plantearme dejar de escribir... (o de publicar el blog...).

(No se me puede decir nada. Todo me lo tomo a la tremenda.)


Lección: se debe creer en una misma; se debe confiar en las propias “pajas mentales”...

lunes, 24 de septiembre de 2012

Precipicio de cristal agrietado


Me acuerdo que el año 1993 estrenaron Jurasic Park.

En la película había una escena en que los protagonistas estaban colgados de un precipicio en el interior de un coche, con sólo un cristal que se agrietaba bajo sus pies entre ellos y el fondo del despeñadero.

Aquel día, al llegar a casa, escribí en el cuaderno: mi vida es como un cristal que se agrieta bajo mis pies. Sin darme cuenta a nivel consciente, había empezado el autosabotaje. A partir de entonces todo lo que me ha pasado ha estado hechizado por aquella goma imaginaria que me entorpece los pies de que hablaba al principio del blog, cuando todavía no me había dado cuenta de lo que pasaba.

Normalmente hago las cosas muy bien hechas. Y os puedo asegurar que el autosabotaje lo he hecho a conciencia, a pesar de no hacerlo a nivel consciente. Tanto, que no sé cuando podré considerar que ya es suficiente. El hábito es como una vieja camisa llena de jirones pero que nos resistimos a lanzar a la basura, porqué nos hace de escudo y es muy cómoda. Es como un piloto automático.

Quizá ya empezaría ser hora de renovar el vestuario y de coger las riendas por otro camino, un camino sin precipicio bajo los pies.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Vacaciones llenas de sombras

Este verano me lo he pasado mal. Ha sido el peor verano de mi vida. Y, como siempre, como otras veces, no he tenido a nadie en quien apoyarme; solamente mis miedos y mis propios fantasmas...

viernes, 29 de junio de 2012

De tuyas a mías

Hace años, hice un post donde criticaba que un famoso motorista que se había quedado paralítico hubiera hecho un libro basando su relato diciendo que quedarse paralítico era lo mejor que le había pasado en la vida, cuando yo creía que diciendo eso se engañaba a sí mismo; no fui demasiado comprensiva.

El otro día escribí un post con una idea de virtud similar para mi acción de lanzarme al tren. No dije que eso era lo mejor que me había pasado, pero casi; hablé de la parte positiva, como si aquello hubiera sido algo bueno.

Solamente querría decir que tirarse al tren es algo horroroso, que no aconsejo a nadie, y que cada vez que me duele la espalda me acuerdo y me arrepiento. Este dolor de espalda no se irá jamás. Fui una estúpida. Quizá al cabo de un tiempo desperté y me di cuenta de cosas, pero quizá me habría acabado despertándome igual al irme haciendo mayor.

Llegué a decir que no contaba las secuelas del accidente entre los peores de mis males. Quizá sí que tengo males peores, -sobre todo males psíquicos-, pero no quiero ir por el mundo diciendo que lanzarme al tren es lo mejor que me ha pasado, me parecería una imbecilidad, aunque no reniegue de la parte positiva que con el tiempo le he acabado viendo... ¡qué remedio!

miércoles, 27 de junio de 2012

Raíles

Hoy he oído por la radio que en una estación de metro de la ciudad no pasaban trenes por causas ajenas a la voluntad de la empresa de transportes.

Una vez alguien me dijo que eso quería decir que alguien se había tirado a las vías, debajo del tren... algún suicida.

Me he acordado de cuando yo me tiré a las vías ante un tren en marcha, que me arrastró.

Jamás se me ha ocurrido pensar en la impresión que debió causar mi gesto entre las otras personas que esperaban el tren en la estación, y que vieron como me tiraba al tren... O si causé algún trauma al maquinista que no pudo parar el tren a tiempo. Egoístamente, eso no ha existido nunca para mí.

Fue el año 2007, hoy hace cinco años de aquello.

No fue enseguida, pero al  fin y al cabo, al cabo de un tiempo, aquello cambió alguna cosa en mí. Descubrí porqué soy como soy, tan friki. Con el tiempo, descubrí porque me había tirado al tren. Y saberlo me ha ayudado mucho.

Lanzarse al tren no es algo que recomiende. Pero a mí, el haberme tirado al tren me despertó. O empezó a despertarme. No lo recomiendo, pero no reniego de ello. Fue como si un sapo de hollín me hubiera dado un beso y hubiera roto el hechizo, convirtiéndome en protagonista de mi propia vida, haciendo trizas el estado de “animación suspendida” en que me he visto atrapada durante tantos años. He empezado a entender –y a recordar- muchas cosas. Pero eso solamente fue el principio...

lunes, 25 de junio de 2012

En la antesala

Cuando, en el año 2007 por estas fechas, me tiré al tren –el tren sólo me arrastró-, pasé un buen rato inconsciente y perdí mucha sangre de la cabeza.

Mientras estaba inconsciente, oía las voces de un chico y una chica –auxiliares de la ambulancia- que me hacían las primera curas. Por la oscuridad que me rodeaba creía que estaba debajo del tren, y como que a las primeras voces se añadieron otras, pensé: “carajo, si que hay gente debajo de este tren...”.

Una vez en el hospital, al cabo de un par de días, hablando con la enfermera, deduje que yo o había estado nunca bajo el tren, que el tren solamente me había arrastrado. Pensando un poco, reconocí aquella oscuridad con la pequeña línea de claridad al final como el famoso túnel que a veces sale en los relatos de las personas que han estado al borde de la muerte después de algún accidente y han sobrevivido, y recordé la sensación de beatitud (sensacional bienestar) que sentí mientras los escuchaba hablar de las curas, que yo que estaba inconsciente pero consciente a otro nivel atribuí a alguna medición que habrían podido darme. Que yo sepa, no me habían dado ninguna medicación, pero haría falta confirmarlo.

La antesala de la muerte es un lugar plácido, pero no puedo evitar preguntarme como será el más allá. ¿Qué hay más allá de la finísima línea de claridad?

(No os preocupéis, este año no pienso intentar nada. Pero no puedo evitar la certeza que esta es la época del año en que acostumbro a hacer alguna tontería... quizá este año la tontería es hablar de algo así en un post...)

miércoles, 6 de junio de 2012

Consecuencias

Mi vida está presidida por esta manía persecutoria, pero eso me ha pasado desde siempre, incluso cuando era demasiado joven para que pudiera ser realmente culpable de nada. Ya en el instituto me sentía marginada por una causa que se me escapaba y sentía las burlas de los demás que se me clavaban. En la escuela también, pero no tanto: ha ido empeorando con los años.

O sea que eso me ha pasado desde casi siempre, pero siempre lo ha ido trampeando, saliendo a la calle a pesar de todo –hay días mejores que otros-, y más o menos haciéndole frente.

Pero, últimamente, estoy demasiado cansada para enfrentarme a nada. Antes salía de casa con incomodidad, pero salía, hacia lo que podía, e iba a comprar y a hacer encargos, no sin una angustia tremenda. Ahora ya no tengo energía para hacer frente a la manía persecutoria, prefiero no ir a ninguna parte y salir el mínimo. El cansancio (que segons los médicos no es nada físico), me está venciendo...


martes, 5 de junio de 2012

Manías


Estar loca no es como en las películas.

Estar loca en el mundo real (¿?) es mucho más aburrido. A veces, estar loca se reduce a notar como la gente se ríe de ti por la calle, como te desprecian, y tú no sabes porqué. Incluso hay quien te manipula se te ríe en la cara. Es jodido.

Estar loca es una simple manía persecutoria como un carrusel de feria, una sucesión de caras agrias, burlas, risotadas, gestos de desprecio... Quizá no sea gran cosa, no invita a salir a la calle tan asustado como según qué otras manías persecutorias, pero es jodido. Hace que a veces salir de casa te angustie enormenente.

Estar loca no invita a hacer demasiada vida social, precisamente, cuando te dan tanto miedo las agresiones psicológicas – que representa que solamente existen en el interior de tu cabeza,  y que te hacen reaccionar exageradamente y soltar mocos aparentemente inexplicables si no se tiene en cuenta todo el contexto-, caras de mala leche que te angustian, sobre todo cuando no sabes porqué. Y durante años y años no sabes el porqué.

Es jodido.





viernes, 6 de abril de 2012

Días de mandamientos

Hay un mandamiento que reza: “honrarás padre y madre”. Parece de sentido común que se deba hablar bien de quien nos ha llevado al mundo y quien nos ha criado. Pero, si la vida familiar no ha sido precisamente un camino de rosas y estamos influidos negativamente por la educación que estos mismos padres que debemos honrar nos han dado, ¿tenemos permiso para hablar mal de ellos y dar nuestra versión?

Este es un problema que me ha preocupado desde que empecé a escribir. Y si me preocupa no es por religiosidad o por ganas de seguir los mandamientos. Si me preocupa es porqué me he encontrado a más de una persona que ha arrugado la nariz cuando le he explicado mi versión, la que hace quedar mal a mis padres. Parece que los trapos sucios deban lavarse de puertas adentro, que aunque haya cosas que no pesen y que no hayan pesado en silencio toda la vida se recomienda no usarlo como arma arrojadiza, como mínimo en público y entre personas desconocidas, porqué simplemente no queda bien. Me ha dado cuenta que entra las sanas personas normales se mira de reojo  a quien habla mal de sus padres.

Eso me ha llevado a haber escrito cosas sobre mi familia (publicadas aquí o no) de las que casi no he hablado con nadie de viva voz. En esto de la escritura, como no se ve la cara de quine lo lee, usar el texto como herramienta para desahogarse y quedar bien descansado (y retratado) es muy tentador.

Quizá no se trata de grandes tragedias, sino del malestar del día día que como una gota malaya nos va erosionado, ahora un poco, ahora un poquito más, y nos mina la confianza y la autoestima. Que me tirara al tren no fue gratuito, fue el punto culminante de un largo proceso de incomunicación.

Desde hace muchos años sabía que cada persona tiene una parte negativa que normalmente no muestra a los demás. Yo no había vista la cara negativa de mis padres, jamás había sido consciente de cómo me han manipulado sin que yo me diera cuenta. ¿Hacerlo público es traicionarlos? ¿Es traicionar el mandamiento de honrarlos? ¿Decir que tus padres te han manipulado está mal visto?



domingo, 25 de marzo de 2012

Discreto retorno

Me siento como si no hubiera escrito nunca nada antes. Estos seis años de hacer el blog y toda una vida de escribir no existen, no son ningún apoyo. Vuelvo a empezar desde la mente del principiante, desde el desconocimiento de lo que representa hacer un escrito, componer y publicar un post. Las ganas de ponerme a ello se mezclan con el miedo y la angustia de dar un paso en falso y de no saber calibrar las consecuencias. Un poco como si volviera a empezar después de una larga amnesia.

Cada nueva noche lava las piedras ensangrentadas de la paranoia, pero no las hace desaparecer. La luna también da su opinión, distante, indiferente, entusiasta. Cada día despunta una nueva albada, el sol sale para todo el mundo: también para mí aunque a veces parezca que no lo valore demasiado.

Una nueva albada
un nuevo día
una nueva primavera

ganas de florecer
pero también de marchitarme y morir,

de no ser para siempre,
de parar de sufrir.

La eterna ambivalencia de todo aquel que vive y sufre más las espinas que no huele el olor de las rosas.

¿Cuándo dejará la vida de ser esta eterna pregunta sin respuesta que me persigue y me enfrenta al mundo completamente descalza?

martes, 3 de enero de 2012

La inconsciencia del arte

Aunque parezca mentira y nadie se lo crea, para mi ser artista o hacer vida de artista no es ir todo el día bebiba o drogada... y sé que cuesta de creer... Está muy asentada la imagen del artista bohemio (que trabajará poco), pero yo siempre me he fijado más en la imagen del artista burgés (que va mucho mejor para trabajar). Yo, como “artista” (aunque quizá no me atreva a denominarme así, me parece una palabra demasiado fuerte), como aprendiza de escritora, pues, prefiero el aburrimiento de la comodidad burguesa que no bebe ni se droga. ¿Creéis que es por eso que no llegaré nunca a ninguna parte como artista? Supongo que se le decís a una persona joven que la actividad principal de un artista no es beber ni drogarse sino trabajar en su arte (como hacían Bach o Jane Austen), os dirá: “y para hacer esto tan aburrido te haces artista?”. Sí, sí, para hacer esto tan aburrido (que al final es más interesante que beber y drogarse; es lo más interesante del mundo). Pero el cliché del artista bala perdida que aprovecha la libertad que le da su arte para nadar en la abundancia de los vicios está muy arraigada, por desgracia.

* * *

A mi no me hace falta beber ni drogarme, con mi enfermedad mental ya he tenido las suficientes (y demasiadas) experiencias “extrasensoriales”, y “malos viajes”. Por lo que he leído de experiencias de persona que se drogan, y por lo que me explicó una persona, estar profundamente drogado ha de ser una experiencia semejante de elasticidad de percepción de los sentidos a tener un brote psicótico, pero parecido en los aspectos malos, aunque si se pasa tan mal no entiendo el porqué la gente se droga...

Me acuerdo que, cuando estaba en el psiquiátrico, hubo una auxiliar que no se creía que hubiera tenido un brote psicótico sin haberme fumado nunca un porro... que me dijera esto me supo muy mal... cuanto tuve el brote psicótico  (el año 2001) estaba agotada y pasé, por la misma angustia que sentía, unos cuantos días prácticamente sin comer y sin poder dormir durante unas cuantas noches... está demostrado científicamente que el agotamiento, la angustia, el no comer y la falta de sueño provocan alucinaciones y percepciones de realidad alterada igual como las sustancias psicotrópicas... me lo pasé muy mal cuando tuve el brote... que en el hospital alguien me dijera que sin haberme drogado nunca no se creía que lo hubiera tenido me supo muy mal...

sábado, 31 de diciembre de 2011

Propósito

“Tu no eres lo que otra persona diga de tu, pero supongo que esto ya lo sabes.”

Este comentario anónimo me lo dejó alguien en el blog ya hace años, al principio.

Estas palabras me han ayudado mucho a lo largo de todo este tiempo cuando me he sentido despreciada, algo que me pasa a menudo. (Siempre he tenido lo que se considera un problema de autoestima, siempre he basado mucho mi autoestima en lo que los demás pensaban de mí, y como que las críticas y las burlas me afectan mucho, las sobredimensiono, siempre he tenido la autoestima por los suelos.)

A veces siento que las personas en quienes me gustaría confiar no tiene buena opinión de mí, que creen que mi sinceridad es otra cosa. La verdad puede parece la más increíble de las mentiras, a veces.

Propósito para el año nuevo: aprender que, aunque alguien me desprecie pensándose que tiene derecho a hacerlo, eso no significa que tenga razón. Aprender que, aunque alguien me adule con toda su buena fe, eso no significa que tenga razón. Aprender de una vez y para siempre que yo no soy la opinión (buena o mala) que los demás pueden tener de mí. Aprenderlo. Y aprender a basar mi autoestima en alguna otra cosa.

martes, 27 de diciembre de 2011

Curiosidades curiosas

Es curioso que las mismas personas que usan el hecho que no soy una persona normal para aprovecharse de mí (me refiero a mi enfermedad mental), es decir, los primeros que se aprovechan de que soy especial, son los primeros en criticar cuando el hecho de ser especial hace que actúe de una manera distinta a como actúan las personas normales en ciertos aspectos, como aquel quien planta una flor de noche sabiendo que se llama flor de noche y se queja que solamente se abra de noche... Es decir, a pesar de aprovecharse de mi porqué soy especial, esperan que actúe como normal cuando ven que con eso se aprovecharían mejor de mí, siendo perfectamente conscientes que lo que hace que se puedan aprovechar de mí es que soy especial y que no actúo como las demás personas... ¡pero que fuera normal en aquella cosa que a ellos les interesa les iría tan bien!

Los mismos que celebran que sea especial porqué gracias a eso se aprovechan de mí, lamentan que no sea también normal para poder aprovecharse de mí en las dos facetas, la especial y la normal. ¡Qué rabia poder aprovecharse de mí solamente de una manera!

lunes, 26 de diciembre de 2011

Crónicas de la miseria humana

Si descubres a alguien haciendo una cosa éticamente reprobable (una cosa escondida, una cosa que no es evidente a primera vista), se arrepiente muchísimo, promete no volver a hacerlo... pero si no la descubres, lo continua haciendo como si nada (esta cosa escondida, esta cosa que no es evidente a primera vista). Lo continua haciendo como si nada, como un chimpancé adiestrado que esconde una mano mientras roba manzanas con la otra. Quizá también se arrepiente muchísimo, pero... no sabe parar de hacerlo. Solamente para si es descubierto, como el chimpancé cuando le riñen.

Si los demás no son conscientes que esta persona hace algo mal hecho, una cosa escondida, una cosa que no es evidente a primera vista... sobre todo, si la persona a quien hace daño no se da cuenta ni se queja, ¿por cuáles siete razones debe parar de hacerlo? (Si además les ha dicho a los demás chimpancés que le está haciendo un favor.)

Ahora, eso sí, si se la descubre esta persona está muy arrepentida. Pero mientras no se la descubra continua haciéndolo, escondiendo una mano y robando manzanas con la otra, como un chimpancé bien adiestrado. ¡Y es que la manzana de la manipulación tiene un sabor incomparable!

* * *
Si no lo hubiera descubierto todavía me lo estarían haciendo. Pero, como que lo he descubierto ahora solamente me lamen los pies pidiéndome perdón. Pero, si no lo hubiera descubierto, me lo estarían haciendo.

(De hecho, no son conscientes que lo he descubierto y me lo continúan haciendo... Todavía no hemos llegado a la fase que para ellos sería hipócrita de pedir perdón... A la Confederación Gironina de Chimpancés (CONGIRCHI) le encanta esta manzana... no van a soltarla tan fácilmente... ¡pero la manzana es mía!)

domingo, 23 de octubre de 2011

Más drama doméstico regular

Mi madre tiene brotes psicóticos regulares. De sopetón, es presa del miedo enfermizo que mi padre la quiere sacar de casa, y ya la tenemos montada, empieza a llorar ya chillar dominada por sus terrores irracionales, y todo esto le pasa en mi presencia regularmente desde hace tiempo. Estos números los ha hecho toda la vida, los recuerdo desde que tengo uso de razón, yo de pequeña angustiada sin poder llorar en un rincón de la casa y ella chillando, chillando, chillando.

Cuando ves a alguien que en tu presencia chilla y llora que lo sacaran de casa lo que primero que sientes es una inmensa angustia porqué quieras o no te crees lo que te dice, te crees su terror, ves su sufrimiento, y se te pega el miedo; es más fácil acabar tu como oyente del brote psicótico convencida que es verdad que la sacaran de casa que no conseguir como cuidadora diluir el ataque de terror.

Ella no es consciente de haberlo hecho toda la vida, para ella cada vez que estalla es la primera vez, la primera vez que siente terrorizadamente que la quieren sacar de casa... esta vez sí. Evidentemente no es consciente del daño que nos ha hecho a mi hermana y a mí entrado en estos ataques de terror de manera regular y habitual desde que éramos pequeñas.

Cuando era más joven eso me sobrepasaba, me hacía sufrir de una manea que no era capaz de expresar. De hecho, nunca he sido capaz de expresarlo de una manera normal y la angustia se me ha quedado dentro, helándome el corazón y saliendo a la superfície de otras maneras más sibilinas y dolorosas. Con los años, y al hacerme mayor, he aprendido a capearlo, aunque resulta muy duro y angustiante, y se necesita una gran fortaleza mental para no dejarse llevar por la angustia y el agujero negro de terror que te envuelve con al aparición de cada nuevo brote.

Con la vejez, se añaden a los brotes psicóticos regulares que sufre mi madre los primeros síntomas del alzheimer.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La balada de la incomunicación

En la canción que sale en la peli de Thelma y Louise La balada de Lucy Jordan, hay una frase que dice: “y se dio cuenta que jamás iba a cruzar París al volante de un coche deportivo con los cabellos al viento”, frase que la protagonista pronuncia justo antes de que se la lleven al manicomio a causa de la profunda incomunicación que siente. ¿Qué deseaba Lucy Jordan? ¿Ser más joven? ¿Ser más rica? ¿Ser libre? Quizá simplemente alguien que la escuchara. Eso es lo que me he quedado con ganas de decir desde que oí esta canción inserida en la peli: eso de cruzar París al volante de un coche deportivo con los cabellos al viento es una imagen muy poética, que puede ser un sueño romántico, pero me parece una tontería como objectivo en la vida, una señal de no tener las ideas demasiado claras. Es el tipo de cosa que desearía una persona que se hubiera pasado la vida leyendo revistas del corazón y pensándose que si fuera más joven y más rica de lo que es sus problemas se solucionarían. Porqué sólo una chica muy joven y muy rica puede permitirse pasear por París al volante de un coche deportivo con los cabellos al viento. Lucy Jordan no es pobre ni pasa necesidades, pero confunde su deseo de sentirse atendida y escuchada (quizá por su marido, quizá por sus hijos) con la necesidad de hacer cosas de persona rica.

Por el bombardeo constante de los anuncios de televisión y el cine americano, la repetición constante de arquetipos de lujo y sexo inalcanzables (o ilusoriamente alcanzables sólo si compras), a veces parece como si todos los problemas se redujeran a tener mucha pasta para poder permitirse artículos lujosos, grandes viajes, una vida social a todo tren... Cuando por lo que se  debería luchar de verdad no es para ser rico, sino para poder vivir decentemente haciendo lo que te gusta (cada vez más, es lo que se está convirtiendo en el verdadero lujo), y cuando también se debería luchar para tener a alguien que te escuche, cosa que ni el dinero ni la belleza pueden comprar.

jueves, 7 de julio de 2011

Truculencia del blog hacia la bloguera

Saber que no me lee casi nadie en el fondo es un consuelo... Me moriría de vergüenza si supiera que hago mucho el ridículo...

Yo siempre había pensado que, si publico el blog, es porqué es un servicio gratuito (o lo era cuando empecé). Siempre había pensado que si tuviera que pagar para publicar mis escritos escribiría igual, pero no los publicaría. Pero cuando digo y pienso eso no tengo en cuenta que publicar el blog es un hecho terriblemente adictivo, y que hay personas más vulnerables que otras a cada tipo de adicción, y precisamente la adicción a publicar cada día un pequeño escrito propio, yo, que escribo desde hace muchos años, soy muy vulnerable a ello. Si alguien me hubiera avisado que esto era tan adictivo quizá no habría empezado... pero claro, entonces no se sabía.... (Esto es algo que quizá alguien debería estudiar...) No digo que esto deba ser igual para todo el mundo. Sé que hay personas que no son vulnerables al gusanillo de publicar cada día, y gente que ha tenido blog que lo ha acabado dejando y que no ha pasado nada. ¡Pero es que yo me doy cuenta que no puedo dejarlo!

O que sufriría mucho si alguna circumstancia externa no me permitiera continuar publicando el blog regularmente. O sea que la del blog es otra adicción que tengo y que viene a sumarse a la ya a bastamente conocida por vosotros que es mi adicción a comprarme libros. Y es que publicar el blog y comprarme algún libro de vez en cuando son cosas que debo hacer a la fuerza si quiero estar bien, o ya no bien, sino normal, ser yo misma con alegría.

Cuando he estado un tiempo sin publicar el blog o sin comprarme un libro me aflora la mala leche, el mal carácter, y me convierto en una persona detestable, y cosas que normalmente no me afectan y que aguanto como si sintiera llover, cuando estoy en este estado de “carencia” de mis adicciones me hacen saltar. Nunca suelto mi mala leche de forma gratuïta; siempre es respondiendo a una provocación. Normalmente son cosas que sufro y aguanto habitualmente en silencio, y que no me cuesta nada tragarme, aunque se me van quedando dentro. Pero que cuando estoy en un estado de inquietud no las aguanto tan fácilmente y me obligan a sacar la mala leche. O sea que necesito publicar el blog para estar de buen humor, para tomarme las tormentas a broma, para estar en un estado “normal” y alegre y aguantar sin quejarme todo lo que he de aguantar cada día viviendo en una familia en que hay tanta gente (yo incluida) que tiene una enfermedad mental. Pero me gustaría aclarar que si no se me grita o se me hace algo yo no grito, y normalmente aguanto muchas cosas sin gritar o sin dar ninguna respuesta humana. Sólo cuando estoy en un estado de carencia de la adicción salto  y grito por cosas que normalmente no me hacen saltar, y no puedo aguantarme tanto.

Al oír los gritos, estoy segura que los vecinos se creen que mi casa es un campo de batalla, y vete a saber tú que bulos propagan...

Me parece que, para prevenir, tendré que procurar ir publicando el blog regularmente.


lunes, 4 de julio de 2011

Sentir el rechazo de los demás

Antes creía que “los demás” (las personas que puedo encontrarme por la calle), eran una masa agresiva indiferenciada, un monstruo de varias cabezas que iban todas juntas contra mí.

Con el tiempo, me he dado cuenta que, incluso entre la uniformidad del rechazo que provoco a “los demás” (yo no genero empatía), cada cual hace la guerra por su cuenta, que cada cual me hace el daño que puede por su cuenta y que cada cual tiene sus propias y personales razones por las que no le caigo bien.

Es decir, que el rechazo contra mi no es algo organizado desde un poder que lo aglutina, los demás no están juntos y organizados contra mí, sino que el rechazo que siento es una cosa que a cada persona individual se le ha ocurrido por su cuenta y que lucha por su cuenta con sus propios recursos.

domingo, 26 de junio de 2011

Juzgar a los demás desde la tarima

Las veces que he intentado suicidarme, cuando me tomé las pastillas y cuando me tiré al tren, me he oído decir de todo por parte de los médicos y personal hospitalario que me han atendido: algunas veces representaba que yo no debía oírlo, pero otras me lo han dicho a la cara directamente. Burra, imbécil, estúpida, subnormal, eso no se hace... Parece que cuando intentas suicidarte y no te sales con la tuya y además esto te deja secuelas lo único que se le ocurre a la gente normal que no te conoce y “que jamás lo haría” es que eres estúpida... Nunca jamás nadie se sentó a mi lado a decirme: “Debes estar sufriendo mucho que hayas hecho esto, ¿no?” Nadie ha visto el sufrimiento ni lo ha comprendido. Sólo han visto el hecho, y, como que ellos con la vida que tienen no lo harían ni entienden que alguien lo haga, se creen con el derecho a pensar que soy estúpida.

A mí sólo me gustaría decirles algo, a todos estos medicuchos y infermeruchos tan sabios: si hubieran sufrido ni tan sólo la mitad de lo que yo he sufrido, no solamente me darían la razón, sino que se hubieran tirado ellos conmigo, o como mínimo me hubieran empujado ellos mismos. ¿Qué sabrán ellos?