Cuando empecé a pensar en el índice que hay en un lateral de la página, pensé que los nombres que salían allí debían ser imaginativos y poéticos, seductores. Con el tiempo, me he dado cuenta que de lo que se trata en un índice no es de imaginación o de poesía, sino que sus palabras sean capaces de guiar perfectamente al lector por esta página continua que es el blog. Al final, he aprendido a poner nombres prácticos y que sirvan para eso.
jueves, 13 de octubre de 2011
martes, 11 de octubre de 2011
No ir a conciertos
Quizá alguien se pregunte por qué, después de mí encarecida defensa de la música en directo, resulta que jamás voy a conciertos... (Sí, sí, queremos saberlo, Clarissa... no podemos vivir sin saberlo...)
Por tres razones:
La primera: no puedo permitírmelo. (Debo escoger entre comprar libros o hacer otros gastos, y prefiero destinar el pequeño presupuesto de que dispongo para cultura a comprar libros.)
La segunda: no tengo con quien ir. (Pero quizá es que no quiera tener a nadie... Ahora, ir a un concierto sola es difícil para una chica... como mínimo es difícil para mí.)
La tercera: no me gusta ir a lugares donde haya mucha gente (no me gustan las multitudes, y mucho menos una multitud exaltada.)
Por tanto, a pesar que algunas veces en mi vida –pocas- haya vivido la música en directo, ahora doy gracias de que exista la música enlatada...
lunes, 10 de octubre de 2011
domingo, 9 de octubre de 2011
Conocer a alguien
Lo que las personas buscamos en un viaje, yo lo encuentro en los libros. No diré que es una manera más profunda de conocer gente, porqué parece muy raro dicho así, pero es lo que pienso. Leyendo puedes conocer los resortes del alma de la persona que ha escrito el texto, si lo ha hecho bien.
Claro que no hay nada como el contacto directo, y a veces ni con esto basta. Que conoces a alguien es algo que no puedes decir a la ligera. “No puedes decir que conoces a alguien hasta que no te hayas comido a su lado un saco de sal.”
sábado, 8 de octubre de 2011
Cuestión
Amar a alguien, ¿es permitir que se aproveche de ti? No, no hace falta que me contestéis: era una pregunta retórica... (*NOTA: Observese el tono de triste resignación y profundo laconismo con que se hace esta pregunta...)
viernes, 7 de octubre de 2011
Plan de la novela
“Pero los novelistas escriben impulsados por un sinfín de motivos diferentes: por dinero, por la fama, por las críticas, por los padres, por los amigos, por los seres queridos; por vanidad, por orgullo, por curiosidad, por diversión; del mismo modo que los buenos ebanistas les gusta hacer muebles, a los borrachos beber, a los jueces juzgar y a los sicilianos disparar por la espalda contra sus enemigos. Podría llenar un libro con los motivos, y todos serían verdaderos, aunque no válidos para todos los novelistas.”
“Sabemos también que un mundo que sea genuinamente creado debe ser independiente de su creador, un mundo que obedezca a un plan (un mundo que revele su planificación) es un mundo muerto.”
“Generalmente, la novela pretende ceñirse a la realidad: el escritor hace subir al ring a los deseos en pugna y luego describe el combate, pero, en realidad, el amaña el combate y da la victoria al deseo que él prefiere. Y juzgamos a los escritores tanto por la habilidad que muestran al amañar el combate (es decir, al convencernos de que no está amañado) como por la categoría del contendiente al que dan la victoria.
Pero la finalidad principal por la que se amaña el combate es demostrar a los lectores lo que uno piensa del mundo que le rodea.”
“Y me dijeron que si un artista no es su juez más severo, no merece ser artista.”
La mujer del teniente francés
John Fowles
jueves, 6 de octubre de 2011
El refinamiento de la experiencia
Un conocido ensayista dice que en uno de sus libros que un disco de jazz escuchado cien veces ya no le dice nada, en cambio un concierto de música clásica en directo todavía le dice algo. Eso lo dice para reforzar su tesis que la música clásica es superior, y también por el hecho que a él ahora le gusta más la música clásica, y habla de la música de las radiofórmulas como de “música para borregos”.
Yo creo que aquí hay una pequeña confusión en que no se trata de escoger entre el jazz y la música clásica, sino que se trata de escoger entre lo que es la música grabada y la música en directo.
Si este ensayista pudiera escuchar el jazz que se hacía los años 50 en directo, en los mismos locales donde se hacía, y su única manera de acceder a él no fuera escuchar mil veces el mismo disco, estoy segura que pondría este tipo de jazz como mínimo al mismo nivel de su querida música clásica. Él, que es una persona que se mueve en ambientes de cultura y que ha estado educado, tiene la posibilidad que muchos borregos no tienen de escuchar a menudo y de saber apreciar la música clásica en directo. No todo el mundo tiene acceso a eso.
Aquí el problema no es entre el jazz y la música clásica, o entre la música clásica y el resto de músicas, el problema es entre poder escuchar la música en directo o no tener más remedio que escuchar el disco. ¡No todos podemos hacer venir un cuarteto de cuerda o un saxofonista a nuestro salón!
Una vez oí decir que las grabaciones sonaban mejor que oyendo la música en directo, y que hay artistas que hacen discos pensando en “como les gustaría que sonara”. Me quedé con las ganas de contestar que quizá técnicamente sí, que quizá las notas están más afinadas en un disco, pero...
Escuchar la música en directo no es escucharla solamente con las orejas, como sería el caso de un disco: escuchar la música en directo es escucharla con TODAS LAS PARTES DEL CUERPO, con todas las células y sus membranas. Es evidente que, por más imperfecta técnicamente que sea la música (y la de los artistas serios no lo suele ser), una grabación no puede hacer sombra de ningún modo a la música en directo. Entre la grabación y la música en directo hay la misma diferencia que entre la fotografía de la persona amada y la presencia de la persona amada. La música sólo pasa de verdad mientras tu está allí. Si puedes permitírtelo, escuchar buena música en directo, cualquier tipo de buena música que te guste, no sólo clásica, es uno de los placeres superiores de esta vida. Ahora, quizá sí que, si el concierto en directo además es de música clásica, y esta es la música que más te gusta, el refinamiento de la experiencia escuchadora puede llegar al máximo.
miércoles, 5 de octubre de 2011
La balada de la incomunicación
En la canción que sale en la peli de Thelma y Louise La balada de Lucy Jordan, hay una frase que dice: “y se dio cuenta que jamás iba a cruzar París al volante de un coche deportivo con los cabellos al viento”, frase que la protagonista pronuncia justo antes de que se la lleven al manicomio a causa de la profunda incomunicación que siente. ¿Qué deseaba Lucy Jordan? ¿Ser más joven? ¿Ser más rica? ¿Ser libre? Quizá simplemente alguien que la escuchara. Eso es lo que me he quedado con ganas de decir desde que oí esta canción inserida en la peli: eso de cruzar París al volante de un coche deportivo con los cabellos al viento es una imagen muy poética, que puede ser un sueño romántico, pero me parece una tontería como objectivo en la vida, una señal de no tener las ideas demasiado claras. Es el tipo de cosa que desearía una persona que se hubiera pasado la vida leyendo revistas del corazón y pensándose que si fuera más joven y más rica de lo que es sus problemas se solucionarían. Porqué sólo una chica muy joven y muy rica puede permitirse pasear por París al volante de un coche deportivo con los cabellos al viento. Lucy Jordan no es pobre ni pasa necesidades, pero confunde su deseo de sentirse atendida y escuchada (quizá por su marido, quizá por sus hijos) con la necesidad de hacer cosas de persona rica.
Por el bombardeo constante de los anuncios de televisión y el cine americano, la repetición constante de arquetipos de lujo y sexo inalcanzables (o ilusoriamente alcanzables sólo si compras), a veces parece como si todos los problemas se redujeran a tener mucha pasta para poder permitirse artículos lujosos, grandes viajes, una vida social a todo tren... Cuando por lo que se debería luchar de verdad no es para ser rico, sino para poder vivir decentemente haciendo lo que te gusta (cada vez más, es lo que se está convirtiendo en el verdadero lujo), y cuando también se debería luchar para tener a alguien que te escuche, cosa que ni el dinero ni la belleza pueden comprar.
martes, 4 de octubre de 2011
Convivencia vecinal
Los vecinos son los primeros en criticar y los últimos en ayudar... (Por vecinos no me refiero sólo a aquellos que viven en los edificios adyacentes, sino a todas las personas que viven en un mismo barrio, incluso en un mismo pueblo.)
sábado, 1 de octubre de 2011
Dudas blogueras
He estado unos cuantos días sin publicar el blog. Eso no quiere decir que haya estado sin escribir, pero echaba de menos la adrenalina de “publicar”, esta especie de vértigo cada vez que se le da la botoncito y sabes que lo que has escrito podrá ser leído por cualquier persona en cualquier lugar del mundo en aquel mismo momento. Sé que el proceso de escritura pide una reflexión, reposar y madurar los borradores; en cambio el blog, aunque el texto que publiques esté pulido, está escrito a salto de mata, no se puede decir precisamente que lo que dices en cada post haya reposado mucho... Eso puede no ser demasiado bueno para la escritura, sobre todo si se tienen ciertas pretensiones de calidad literaria... Este es un tema sobre el que debo reflexionar más, quizá cambiar algo del proceso de escritura... Pero el hecho que me urja publicar algo cada día (publicar el blog es una adición), hace que no pueda ver más allá de la zanahoria del post del día. Y si tal y como lo hago ya me siento realizada, ¿para qué cambiar nada? De todos modos, voy a pensar a fondo en ello...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)