lunes, 31 de agosto de 2015

Fin de las vacaciones

Hoy es treinta y uno de agosto, día por antonomasia en qué se acaban las vacaciones. ¡Espero que os lo hagáis pasado bien! (Y hayáis desconectado).

Me comprometí a escribir un post al día, estos tres meses de verano, y en este momento (último día ya) estoy en posesión de la plena certeza de haberlo conseguido. ¡Viva!

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Este mes empiezo una nueva temporada, y para este mes de septiembre no prometo un post al día, pero procuraré publicar un post al día. Si algún día no publico será porqué estoy haciendo cosas reales en el mundo real (tengo que hacer unos encargos), y no puedo publicar, pero, en fin, veré si publico tantos días como pueda, este mes de septiembre.

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En general, espero poder continuar como siempre, hablando de libros, lectura y temas afines (mis batallitas personales).

Qué empecéis bien este nuevo curso!



domingo, 30 de agosto de 2015

Gobseck de Balzac

He leído (en castellano) una novela de más o menos cien páginas llamada Gobseck, de Balzac.

Estas breves páginas tienen interés, aparte de por la historia que explican en sí, que está muy bien, por la manera como esta historia se insiere en otras novelas de Balzac (algunas muy importantes), y complementan la lectura de estas, formando todas juntas su famosísima Comedia humana, en qué diferentes personajes aparecen en diferentes historias en diferentes momentos de su vida, y se nos muestran (a los lectores) tal y como son.

El argumento de Gobseck es muy sencillo, casi una anécdota, pero de lo que se trata en realidad en esta historia es de comparar la realidad (y el contraste) de dos personajes de caracteres muy diferentes, dos hombres del París de aquella época que, sin llegar a ser amigos íntimos, las circunstancias les hacen confidentes.

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Uno de ellos es un chico de carácter noble y muy emprendedor que aspira –y consigue- vivir honradamente de su talento como abogado.

El otro es un pobre usurero (escanyapobres en catalán), valga la redundancia, que teniendo mucho vive como un miserable y no disfruta de nada más que de su miseria.

Ambos caracteres están muy bien explicados, y dibujan un constaste notable, pero sospecho que la verdadera razón de ser de estas casi cien páginas es explicar como acaba mal otro personaje –femenino- que será importante en otras novelas (que cuando las haya leído ya os contaré). Gobseck sería una especie de breve introducción a la vida de este personaje, podríamos decir.

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Estos dos personajes, aparte de ser uno trabajador y honrado, y el otro, también trabajador (sic), pero usurero, tiene en común algo que les hace ser confidentes y que yo llamo “la visión” sobre las personas: que observan a los demás y saben como son, vaya.

Esto hace que su principal tema de conversación sea “¿cómo son los demás?” y “¿cómo reaccionará cada cual con sus vicios y virtudes?”.

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Un tema que yo considero capital, fascinante, principal, y la razón de existir de la novelística, y sobre todo, de este Balzac que casi no conozco pero que acabaré leyendo a fondo, espero.

(Esta capacidad de “leer” a los demás la poseen muchos personajes de novela, y, sobre todo, muchos novelistas).

¿Cómo son los demás?

¿Cómo reaccionará cada cual con sus vicios y virtudes?

Si estas preguntas os dicen algo...


- ¡tenéis que empezar a leer a Balzac!

sábado, 29 de agosto de 2015

La media horita

Una vez alguien dijo que pasarse media horita al día leyendo solamente prólogos permitía al cabo de un tiempo razonable haber adquirido unos conocimientos notables.


Hoy en día el problema, supongo, sería encontrar esta media horita.

viernes, 28 de agosto de 2015

El peso del arte

Dicen que Beethoven, viviendo en Viena, cambió de casa setenta veces (¡!), trasladando en cada nueva mudanza su piano.

El piano como objeto físico, y que pesa.

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También leí una vez que, para Jane Austen, debía haber sido un equipaje muy pesado de trasladar las cajas con los manuscritos de sus novelas aún no publicadas cada vez que cambió de casa.

Los manuscritos como objetos físicos, y pesados.

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Es evidente que estas personas tenían una relación con ciertos objetos físicos que la mayoría de personas no tenemos. Que cuidaban de estos objetos físicos de una manera que la mayoría de nosotros no hemos experimentado ni hemos necesitado nunca.

Eran artistas, y su relación con estos objetos físicos iba más allá de los objetos en sí. Esta relación era la parte pesada y material de otra relación más etérea: su relación con su arte. El arte, que es incorpóreo, y que no pesa físicamente. (Puede pesar espiritualmente, pero esto ya sería otra cosa).

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Hoy en día las mudanzas son otra cosa, hoy en día todo cabe un lápiz de memoria...

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La parte física –y pesada a la hora de ser trasladada- de su arte se ha fundido como si fueran unos apuntalamientos de madera; nada ha quedado de ello. Solamente permanece la grandeza de su arte, como si todas las vivencias que lo provocaron hubieran sido ligeras, incorpóreas, inmateriales... Como si nunca hubieran tenido que cargar con nada pesado para crearlo.

Los objetos físicos se han fundido. Todo se ha fundido. Ellos se han fundido. Y solamente ha quedado la grandeza de sus obras; sus simonías, sus novelas; solamente ha quedado la grandeza de este arte...


jueves, 27 de agosto de 2015

La memoria de los posts

Algo que encuentro curioso es que las cosas que me hicieron sufrir cuando era más joven, las recuerdo perfectamente, las tengo clavadas. (Sobre todo las cosas referentes a mi relación con los demás que, fuera por la enfermedad, fuera por la realidad, me hicieron sufrir tanto). En cambio, desde los treinta años más o menos que empecé el blog, casi no recuerdo nada, del blog.

Los posts están ahí, aquí se ha escrito, pero casi no recuerdo que me hayan producido ningún recuerdo doloroso –aunque sí algún que otro sobresalto-, pero tampoco los recuerdo demasiado, los sobresaltos; no hay ningún recuerdo de aquellos “clavados”, o poquísimos.

Creo que una parte de la explicación es que para escribir y publicar el blog no me hace falta salir de casa ni relacionarme con los demás, que es lo que siempre me ha hecho sufrir más.

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Pero es curioso esto de la memoria, como llega a ser de selectiva, como recuerda algunas cosas y obvia otras... ¿Quién decide qué recordaremos, y qué no? ¿Nosotros? ¿El inconsciente?

También debo decir que creo que cuando somos más jóvenes nos lo tomamos todo más en serio, y las cosas nos afectan más y las sentimos más. Con los años y la experiencia se aprende a relativizar según qué dolores, y ya no se recuerda todo tanto.

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El blog ha sido una cosa importantísima para mí: una via de comunicación, una via de realización, una via de expresión... He escrito mucho y me ha gustado mucho escribirlo, pero...

... es un murmullo...

... es un vientecito entre a los juncos...

... es como si no existiera en al realidad, aunque a veces es como si estuviera gritando dentro de mi cabeza...

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No soy consciente de haberle dedicado tanto tiempo, ni que esto sea tan principal en mi vida, ni nada... Normalmente, del blog nunca hablo con nadie “real”...

Recuerdo el contenido de muchos posts, pero no tengo recuerdos de la vivencia de haber escrito cada post en concreto...

La memoria de los posts es como si no existiera...

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Escribir el blog es para mí un poco como la respiración... No nos percatamos, que respiramos... Pero respiramos, y esto nos mantiene vivos...

El blog está...

...pero es como una exhalación...

... es como si no existiera...

... y no recuerdo el momento de haber escrito; simplemente se ve que he escrito.



miércoles, 26 de agosto de 2015

...


«El escritor tiene que ser el único dueño del libro electrónico. En fin, eso ya se arreglará, el dinero es lo de menos. Por mí, que se roben todos los libros míos. Me hacen un honor. Total, no me gustan. Ah, pero eso sí, que no me los toquen. Ni una tilde. Ni una coma. Eso para mí es sagrado. Yo un trueno lo oigo, no lo escucho. - Más que la piratería del libro electrónico, que se ve venir y que se me hace maravillosa pues no hay que ponerle barreras al espíritu, lo terrible es la posibilidad de que un cualquiera, la chusma de Internet, pueda modificar los libros. Para escritores y editores el panorama lo veo sombrío. Que Dios nos agarre confesados.» - Fernando Vallejo. - Peroratas.  - Alfaguara. Madrid, 2013


martes, 25 de agosto de 2015

Bla bla bla

Algo que se aprende leyendo los Ensayos de Montaigne es qué, si se hace con gracia, es posible hablar interminablemente de uno mismo, y no caer en la impertinencia. Este señor estaba solo y hablaba de sí mismo, simplemente.

Hablar sólo de uno mismo, si se hace en alguna circunstancia social, podría parecer de mala educación, incluso podría parecer de una incontinencia verbal imperdonable. No se aconseja acaparar toda la atención todo el rato ni hacerse pesado explicando batallitas en las circunstancias sociales.

En cambio, escribiendo se recomienda escribir solamente de lo que se conoce... y, ¿podemos conocer sinceramente algo que no seamos nosotros mismos?

Las personas que no tenemos a nadie que nos escuche atentamente y todo el tiempo que nos haga falta, pero que no sabemos pasar sin hablar interminablemente de nosotros mismos, pues escribimos. Una reacción bien natural, por otro lado, ante la natural indiferencia del mundo.

Los pesados sin auditorio, estos, somos los que escribimos. Y nada más natural que hablar interminablemente de nosotros mismos en nuestra escritura. Y si eso se consigue hacer con cierta gracia o no, esto ya seria harina de otro costal...

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A mí, hablar de mí misma es algo que me encanta. Pero no siempre tengo auditorio... o simplemente quien me escuche. La escritura primero, y el blog después, han venido a salvarme... Ya puedo hablar interminablemente de mí misma... y tener quien se lo lea. (O eso espero, como mínimo). Y, reconozcámoslo... hablar de uno mismo es el gran deporte.


lunes, 24 de agosto de 2015

La corrección, la civilización y la escritura


Querría decir unas palabras sobre lo políticamente correcto.

Sólo querría decir que sería algo que estaría bien si fuera verdad, si las personas –sobre todo quien dirige el mundo- que lo usan se lo creyeran de verdad.

Pero en el fondo no es así: se trata solamente de una forma refinada de hipocresía. Se dice una cosa, pero a la hora de dirigir el mundo se piensa y se hace otra cosa, que no tiene nada que ver con lo políticamente correcto, precisamente.

Ahora, es evidente que la hipocresía, ser amable cuando en el fondo no se querría ser amable, ser educado cuando se dirían pestes, es una manera de ser civilizado, y que el mundo avanza porqué nos volvemos civilizados. Y, quien sabe, quizá con el tiempo lo que ahora solamente es hipocresía del poder para quedar bien en los medios de comunicación con las masas bienpensantes, las personas acabaran por creérselo de verdad, y el mundo avanzará de verdad, y no solamente en imagen.

Ya digo, yo no estoy demasiado de acuerdo con ser hipócrita, pero reconozco que la hipocresía es una manera de quedar bien y ser civilizado (y tener las cosas en paz), y que a veces decir según qué verdades es un sistema de agresión, aunque sea sólo verbal o psíquica, y que la diplomacia es un arte que requiere refinamiento.

Quizá lo políticamente correcto no acaba de ser todo lo verdad que debería ser, pero yo creo que quizá ayuda a limar asperezas, ayuda un poco a civilizar el mundo. Y al final quizá el mundo incluso va a creerse estas ideas y avanzaremos un poco. En el mundo hay todavía demasiado machismo, demasiado racismo, demasiada homofobia, como para no valorar la buena educación y el ser amable.

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Ahora, la literatura no debería ser políticamente correcta hasta que el mundo no lo sea de verdad. Con la literatura no se trata de dirigir el mundo ni de quedar bien con nadie, no es diplomacia. En literatura se trata de explicar como son nuestras cosas, de explicar como las vemos cada uno de nosotros, de explicar nuestra verdad. Y esto puede ser que muchas veces no sea todo lo políticamente correcto que debería.



domingo, 23 de agosto de 2015

Espesor a fondo

Desde el año 2006, en qué salió el primer volumen, hasta ahora, verano del 2015, he conseguido leerme los tres volúmenes en catalán (y el primero también en castellano), de la obra los Ensayos, de Montaigne.

(Una única lectura exhaustiva pero a veces quizá un poco ligera –ligera la lectura, no el texto-, tampoco os penséis... – que es un poco espeso).

Debo decir que, de los tres libros, el mejor es el tercero y último, donde el autor se olvida –un poco- de tanto citar a los clásicos, y se explica más a sí mismo.

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Creí que sería una lectura que nunca la acabaría, pero al final no ha sido tan difícil, y solamente ha sido cuestión de ponerse a ello.

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En estos libros, igual como pasa con la novela El nombre de la rosa, donde si un lector consigue pasar las cien primeras páginas, puede acabar de leer el libro, aquí, si uno consigue leerse los cinco primero ensayos del primer libro, el resto, quizá no vaya a leerse solo, pero será una lectura asequible.

A mí me cautivó cuando dice lo de que se debe temer la enfermedad, la pobreza y la muerte, pero que la muerte puede ser el remedio para los otros dos males. A partir de aquí le escuché con atención.

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Dicen que los Ensayos de Montaigne son una lectura poco atractiva para las mujeres, y lo entiendo: la mentalidad de la época es retrógrada.

Tampoco creo que su misoginia sea especialmente opinión suya, sino que su mundo era así.

Quizá es ni se percató, pero en un párrafo un poco espeso reconoce que una mujer, si quiere, es capaz de cultivar el espíritu leyendo libros. (Espero haberlo entendido bien).

Pero, en general, en todo lo que hace referencia a las mujeres, es hijo de su época: ni las aprecia ni espera demasiado de ellas.

Eso no sería demasiado atractivo para alguien de ahora que se acercara con las ideas imbuidas dentro del corsé de lo políticamente correcto.

-Y esto sería lo qué diferenciaría a la buena literatura, que no sería políticamente correcta-.

Quizá las opiniones de Montaigne sobre las mujeres no sean demasiado justas ni lucidas, pero eran verdad; no tenía razón, pero él creía esto, su tiempo creía esto.

La buena literatura no es políticamente correcta, la buena literatura es verdad.

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Montaigne quiere un lector/a dispuesto/a a gastar un buen rato de su tiempo leyéndolo mucho rato seguido. Y está convencido de encontrar este lector.

Qué optimismo. Como han cambiado los tiempos. Como hemos cambiado los lectores.

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Dice que para conocerlo bien envía a sus mejores amigos a la librería. Esto, que suena a gran estupidez, lo entiende muy bien quien escribe; quien tiene un blog, por ejemplo.

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A mí, lo qué me ha impresionado de verdad, es la descripción que hace del mecanismo de la herencia genética sin ni tan solamente percatarse ni ser consciente de ello, al final del segundo volumen.

En aquella época, en qué los médicos eran matasanos, en qué no se sabía nada científico, él acierta plenamente solamente observándose a sí mismo y diciendo la verdad sobre esto a todo aquel quien lo lee. Es impresionante.

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A mí lo qué más envidia me da es que se pueda leer tan bien todavía, y sin hacer concesiones a la comercialidad, que diríamos ahora.

Me ha gustado, y me alegro de haberme puesto a ello finalmente, pero no os lo aconsejo si no sois unos lectores muy entusiastas y voluntariosos; se trata de una lectura un poco espesa...


sábado, 22 de agosto de 2015

...

Otro tema es si a la hora de leer leo para quedar bien. ¿Con quién o con qué?

Leo porqué me gusta. También, para aprender a escribir. Para tener un conocimiento de la literatura, de la tradición, de lo qué está bien escrito. Y porqué los ratos que paso a solas con un libro son de una tranquilidad y una serenidad impagables.


Si acaso leyera para quedar bien, leería para quedar bien con una idea muy exigente que tengo de mí misma. Para atrapar la imagen idealizada que tengo de mí misma como lectora en la cabeza. Y soy consciente que esta no es una razón muy práctica. Incluso podría parecer absurda. Pero es una razón existente para mí.