lunes, 20 de julio de 2015

El ideal lector desconocido

Es que, si lo pensaras un poco... no escribirías. Y mucho menos lo esparcirías por el mundo, algo así, lo qué escribes.

Solamente pensar que, para ser leído, al alcance de todo el mundo, hay una parte de mí misma, una parte muy íntima de mí misma, se me llevan todos los demonios.

Si fuera una persona razonable, me parecería que me falta un tornillo, por publicar algo así. ¡Qué vergüenza!

La única cosa que me lo hace soportable es que... ¡hay tan poca gente que lee! (¡Y tan poca gente que me lee!)

Los textos están ahí, está expuestos al alcance de todo el mundo, pero... ¿los lee alguien? Pues no. O muy poca gente. (Por cierto, ¡un saludo!)

Es que, por mis escritos, podría presumir de haber inventado: la fórmula de la invisibilidad! En serio.

Por mi cabeza llena de trampas, saberme casi invisible es un gran bálsamo, más todavía que poder escribir, más todavía que poder publicar y más todavía que saberme leída. No llevo nada bien el sentirme al alcance de la crítica y de la burla por mis escritos por parte de personas no blogueras.

Más que nada, escribo para encontrar los caminos dentro de mi cabeza. Y esto a nadie le importa, aunque lo esparza y ponga esta lectura al alcance de todo el mundo.

¡Ay! ¡Mi lector chino en la China, que lee en castellano!

domingo, 19 de julio de 2015

Página 2

He hecho un montón con todos los libros que tengo que todavía no me he leído. No debería comprarme libros nuevos hasta que no hubiera leído todos estos. ¡Son tantísimos! No me atraparé nunca...

[Esto era el 2004. Ahora, el 2015, todavía estoy allí mismo, pero con muchos más libros... leídos y por leer.]

Hablar de libros me gusta mucho, aunque sea para no decir nada y para no llegar absolutamente a ninguna parte.

¿Qué tengo muchos? ¿Qué tengo muchos que todavía no me he leído? ¿Qué continuo comprando muchos a pesar de todo?

[Quizá sería esto lo que me haría parecer extraterrestre... tener tantos libros que todavía no me he leído... y no leer libros que no son novelas... que, al fin y al cabo, tampoco sería tan extraño... los libros de autoayuda no son novelas y tienen mucho éxito, hay mucha gente que los lee...]

Hablar de los libros me alivia, me consola y me reconforta, como quien en plena canícula pone los pies dentro del agua fresca. Hace que no me sienta tan vacía. Hablar de libros me anima. Hoy, escribir este pequeño trozo me ha salvado de un día más bien tristón.


sábado, 18 de julio de 2015

Página 1

Estoy leyendo este libro que es el best-seller de la temporada. Me lo ha dejado (o endosado) una compañera de trabajo.

A mí en principio no me interesaba demasiado leerlo, pero como que en el trabajo las otras dos compañeras lo han leído – y les ha gustado tanto, ¡están entusiasmadas con él! – me siento presionada para leérmelo yo también, más que nada para quedar bien con ellas.

No quiero que me miren raro, que es lo que pasaría si les dijera los libros que de verdad leo.

[Si cuando pasa esto hubieran sabido que en el futuro llegaría a leer libros que no son novelas, y que me gustaría, habrían creído que era extraterrestre. Y además no les habría interesado nada de nada.]
                  
Claro que esta pregunta de que leo realmente no me la han hecho nunca, y quizá tampoco haya el peligro que me la vayan a hacer nunca. Par ellas es suficiente saber que leo lo que ellas leen, que leo lo que lee todo el mundo. En mi caso esto no sería enteramente cierto, pero, ya digo, dudo mucho que alguien se interese por el tema y me lo pregunte.

* * *

A favor de la lectura de este libro que en principio no me atrae demasiado, pero, debo decir que, como persona que escribe, quizá me iría bien leerlo y saber de qué va el best-seller de la temporada. Incluso podría intentar analizar el porqué de su éxito. Algo que en realidad me interesa más que el libro en sí. ¿Por qué esto tiene éxito, y otras cosas no? ¿Por qué este libro es el tipo de material que tiene éxito entre personas como mis compañeras de trabajo? Es el tipo de material que tiene éxito entre personas que leen libros, pero que no saben demasiado de literatura. Y digo esto con el máximo respeto por cualquiera que lea. Además, si lo que se quiere es escribir un best-seller, que parece que en general es lo que se ambiciona, deberían tenerse en cuenta este tipo de lectores sobre cualquier otra cosa.


viernes, 17 de julio de 2015

El fin de esta naranja

Bueno, después de tantos posts, siento que esta naranja ya está suficientemente exprimida.

Quizá alguien se pregunte por qué he hablado tanto de ello, y si ha sido algo premeditado.

No ha sido algo premeditado.

¿Por qué he hablado tanto de ello, pues?

* * *

Seguramente podríais responderlo mejor vosotros que yo, esto.

Tranquilos, no os pido que me habléis de mí misma a mí misma. Hablar de uno mismo es el gran deporte, y no hace falta ningún tipo de ayuda para practicarlo.

* * *

No sé por qué he hablado tanto de ello, simplemente ha salido así.

Pero me ha gustado; me he gustado a mí misma hablando tanto de ello.

* * *

Mañana tendré que levantar otro día, tendré que poner a rodar otras historias, y vendrán otros posts que hablaran de otras cosas... El viento de los bits esparcirá la escritura...

Pero no se puede escribir nada, ni llegar a ninguna parte en la escritura, si no es con lo que han escrito escritores como este en el corazón.


jueves, 16 de julio de 2015

El síndrome de Stendhal

No podía acabar de hablar de este libro: Roma, Nápoles y Florencia, y no mencionar el síndrome de Stendhal. El famoso síndrome de Stendhal. (Que es por ello que es conocido este libro, y una de las razones por las que yo quería leerlo a priori).

El síndrome de Stendhal se produce cuando el disfrute de la belleza artística nos puede llevar hasta el malestar físico. (O a una impresión física muy fuerte).

O sea, en otras palabras, que cuando viendo un cuadro muy bello te llegas a marear, esto es el síndrome de Stendhal.

* * *

Querría que se tuviera en cuenta que, cuando Stendhal experimentó esto, hace doscientos años, en Florencia (por otra parte una de las ciudades más bonitas del mundo), no había tele, ni móviles, ni medios de comunicación de masas.

También querría que se tuviera en cuenta que Stendhal se tomaba el arte muy en serio, que era una mente creativa, y que más tarde llegaría a ser un artista de primera magnitud. Que la semilla artística del fresco que vio cayó, dentro de su cabeza, en terreno abonado, vaya.

Admirar el arte era una experiencia que le importaba, que significaba algo (muuucho) para él; no como aquel quien ve las diapositivas de la excursión a Torremolinos del cuñado de la portera de un sobrino segundo.

* * *

Pero, a una persona de ahora, yo, por ejemplo, ¿podría pasarle? ¿Me pasaría,a mí, algo así?

Tampoco sé de nadie a quien le haya pasado, no sé de nadie, en el mundo real, que lo haya experimentado. No de esta manera y con esta intensidad, como mínimo.

Para la mayoría de personas reales del mundo real que conozco el arte es “aburrido”, y no es nada capaz de transportarlos, (y mucho menos a otro mundo). Para ellos, los museos son lugares agradables para echar un sueñecito y descansar del cansancio del viaje turístico, para sentarse y reponerse un poco de tanto ir de acá para allá con gorra y pantalones cortos.

* * *

Muchas personas recorren kilómetros, cruzan países, traspasan continentes, para ir a ver cuadros, estatuas, monumentos... y esto está muy bien... pero... ¿los ven realmente? ¿Qué ven realmente?

O solamente echan una ojeada de cinco minutitos para poder decir que han estado allí, se hacen una foto, y vuelven sin haberse enterado de nada “artístico”? (¡Beyle fue muchas veces, a admirar sus cuadros!)

Quizá las construcciones les hayan impresionado realmente (los edificios, los monumentos, quizá son lo que más se apreciaría sin formación artística; cuadros, frescos y estatuas quizá sería más difícil), pero, a cinco minutos por monumento, no se puede experimentar ningún síndrome de nada, me parece.

También me parece que la velocidad del mundo actual, tan ansioso siempre de novedades, fluye en contra de la apreciación tranquila de una obra de arte. El mandato es que se deben ver cuantas más cosas mejor, y no se debe perder demasiado el tiempo en una sola cosa.

* * *

Tendría que salir más de casa, hacer más turismo, viajar, para observar si esto del síndrome de Stendhal se experimenta o no se experimenta realmente.

Henry Beyle lo experimentó, y para él fue real, vale... Pero, que un simple viaje turístico, sin saber nada de los cuadros, se pueda llegar a experimentar... me parece una leyenda urbana...

Una cosa es quedar impresionado, y la otra muy diferente el síndrome este, esto de quedar totalmente apabullado...

Reaccionar físicamente a un estímulo solamente sensorial tiene que ser muy difícil...

* * *

Embriagarse de belleza artística me parece un concepto muy atractivo... pero... también me parece que hay mucha parte de leyenda urbana en todo esto de la “embriaguez del arte”.

Y también habría mucho a discutir si para apreciar la belleza hace falta formación previa o si sin saber nada de lo que se va a ver se puede llegar al mismo efecto avasallador.

Estoy convencida que la mayoría de veces a la apreciación de la auténtica grandeza artística se llega a través de los ojos de la razón.

Stendhal llegó a ello a través de los ojos del alma, pero es muy difícil que el arte llegue a ser tan importante para alguien como lo fue para él.


miércoles, 15 de julio de 2015

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«Las cosas que necesitan las artes para prosperar son con frecuencia contrarias a aquellas que necesitan las naciones para ser felices.»

«Llegamos al gobierno de la opinión; así que la opinión no tendrá tiempo para apasionarse por las artes. ¿Qué importa? La libertad es lo necesario, y las artes algo superfluo, de lo que muy bien puede uno prescindir.»

«La admisión de las mujeres a la igualdad perfecta sería la señal más segura de la civilización; multiplicaría por dos las fuerzas intelectuales del género humano y sus probabilidades de ser feliz.»

«¿Por qué en la desgracia proporciona placer oír cantar? Porque, de una manera oscura y que no intimida al amor propio, este arte hace que creamos en la piedad de los hombres: convierte el dolor seco del desdichado en dolor añorante; hace correr las lágrimas; su consuelo no va más lejos.»

Roma, Nápoles y Florencia. Stendhal. – Editorial Pre-textos

martes, 14 de julio de 2015

...

«Mi debilidad va más lejos: veo en las iglesias muy antiguas copias de los templos paganos. Los cristianos, triunfantes tras tantos años de persecución, demolían con rabia un templo de Júpiter, pero construían al lado una iglesia a San Pablo. Se servían de las columnas del tempo de Júpiter que acababan de destruir; y, como no tenían ni idea de bellas artes, copiaban sin darse cuenta el templo pagano.»

«Los monjes y el feudalismo, que son ahora el peor de los venenos, fueron cosas excelentes en su tiempo: entonces no se hacía nada por vana teoría; se obedecía a las necesidades.»

«Toda imaginación conmovida por la música emprende el vuelo,»

«Me he visto arrastrado por recuerdos deliciosos. Dan las dos: el Vesubio arde; se ve manar la lava. Esa masa roja se recorta contra un bellísimo horizonte oscuro. Me quedo tres cuartos de hora contemplando este espectáculo imponente y tan nuevo, asomado a mi ventana en el séptimo piso.»

«No diré nada de Pompeya: es o más sorprendente, lo más interesante, lo más entretenido que haya visto; sólo a través de ella se conoce la antigüedad.»

«Los nuestros no pueden alcanzar a entender que los antiguos no hicieron nunca nada para adornar, y que para ellos lo bello no es más que el donaire de lo útil. ¿Cómo podrían nuestros artistas leer en su alma? Son sin duda hombres llenos de honor y de talento; pero Mozart tenía alma, y ellos no la tienen. Nunca un sueño profundo y apasionado les ha hecho cometer locuras; por eso tiene la banda negra, que ennoblece.»

«Lo más curioso que he visto en mi viaje es Pompeya; se siente uno transportado a la antigüedad; y, a poco que se tenga la costumbre de creer sólo lo que está demostrado, inmediatamente sabe uno de ella más que un erudito. Es un vivísimo placer ver cara a cara esa antigüedad sobre la que se han leído tanto volúmenes. He vuelo hoy a Pompeya por undécima vez. No es el lugar para hablar de ello.»

«El vulgo les es necesario a los grandes hombres, como los soldados al general.»

«Aquella alma tan elevada no vio que la condición sine qua non para escribir algo pasable de política es aislarse de los pequeños roces personales a los que haya uno podido exponerse.»

«Según salía del museo de pinturas antiguas (...), me he cruzado con tres oficiales de la marina inglesa que entraban. Hay veintidós salas. Ha partido al galope para Nápoles; pero antes de llegar (...) me han alcanzado los tres ingleses, que me han dicho por la noche que esos cuadros eran admirables y una de las cosas más curiosas del universo. Han pasado en ese museo entre tres y cuatro minutos.»

 Roma, Nápoles y Florencia. Stendhal. – Editorial Pre-textos

lunes, 13 de julio de 2015

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«Apuesto a que no adivináis la ocupación de esta compañía de labradores: improvisaban, cada uno a su turno, cuentos en prosa al estilo de las Mil y una noches. He pasado una velada deliciosa escuchando esos cuentos, desde las siete hasta medianoche. Mis huéspedes estaban al principio junto al fuego, y yo cenando en mi mesa: han visto mi atención, y poco a poco me han dirigido la palabra. Como siempre aparece un encantador en esas historias tan bonitas, les supongo un origen árabe. Una sobre todo me ha impresionado tanto que la pondría por escrito si pudiera dictarla. Pero ¿cómo acometer uno mismo la tarea de escribir treinta páginas?»

«Comparo esta velada con la que pasé en la Scala, el día de mi llegada a Milán: un placer apasionado inundaba mi alma y la fatigaba; mi espíritu hacía esfuerzos para no dejar escapar ningún matiz de felicidad y de voluptuosidad. Aquí, todo ha sido imprevisto, un placer del espíritu sin esfuerzo, sin ansiedad, sin palpitaciones del corazón; era como un placer de ángel.»

«El ideal es un potente bálsamo que duplica la fuerza de un hombre de talento y mata a los débiles.»

«admirable soledad de la campiña de Roma; efecto extraño de las ruinas en medio de ese silencio inmenso. ¿Cómo describir una sensación semejante? Han sido para mí tres horas de la emoción más singular: el respeto tenía en ello mucha parte. Para no verme obligado a hablar, fingía estar durmiendo. Habría disfrutado mucho más estado solo.»

«Hay algo de ingenuo y de curioso en mi respeto apasionado por una inscripción verdaderamente antigua. Creo que me pondría de rodillas para leer con más gusto una inscripción  auténticamente grabada por los romanos en el lugar en que, por primera vez, dejaron de huir, después de Trasimeno: en ella encontraría una grandiosidad que por espacio de ocho días proporcionaría materia a mis ensoñaciones; admiraría hasta la forma de las letras. No hay nada que me subleve tanto como una inscripción moderna: generalmente es ahí donde toda nuestra mezquindad estalla de forma repelente con sus superlativos. Reflexiono hoy acerca de mi emoción de ayer: mi paso por Roma, sobre todo la visión de la campiña, me ha puesto nervioso. Hasta estos últimos tiempos he creído de detestar a los aristócratas; mi corazón creía sinceramente ir a la par que mi cabeza. (...) me dice un día: “Veo en vos un elemento aristocrático”. Habría jurado que estaba a mil leguas de ello. En efecto, he descubierto en mí esa enfermedad: tratar de corregirme habría sido necedad; me entrego a ella con deleite.»


«¿Qué es el yo? No tengo ni idea. Me desperté un día sobre esa tierra; me hallo ligado a un cuerpo, a un carácter, a una fortuna. ¿Me he de entretener vanamente en querer cambiarlos, y entretanto olvidarme de vivir? Tonterías: me conformo con sus defectos. Me conformo con mi inclinación aristocrática, tras haber denostado durante diez años, y sinceramente, toda aristocracia.»

Roma, Nápoles y Florencia. Stendhal. – Editorial Pre-textos

domingo, 12 de julio de 2015

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«[la gloria] me parece que es un derecho que uno compra en la librería.»

«El acto de locura por el que se ven todas las perfecciones en el objeto amado de llama cristalización en el círculo de (...)»

«Observé una vez cómo un pastor de los chalés suizos se pasaba tres horas con los brazos cruzados, contemplando las cimas cubiertas de nieve del Jungfrau. Para él, era una música. Mi ignorancia me acerca a menudo al estado de aquel pastor.»

«Mi emoción es tan profunda, que casi roza la piedad. La religiosa oscuridad de la iglesia, la sencilla carpintería de su techumbre, su fachada sin terminar, todo ello habla intensamente a mí alma.»

«Me conduce hasta allí y me deja solo. Allí, sentado en el reclinatorio, la cabeza echada hacia atrás y apoyada en el respaldo para poder mirar al techo, las Sibilas de Volerrano me proporcionaron seguramente el placer más intenso que me haya dado nunca la pintura. Estaba ya en una especie de éxtasis por la idea de estar en Florencia y por la proximidad de los grandes hombres cuyas tumbas acababa de ver. Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba por decirlo así. Había llegado a ese punto de emoción en el que convergen las sensaciones celestes provocadas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Al salir de Santa Croce, el corazón me palpitaba con fuerza, eso que llaman nervios en Berlín; la vida se había agotado en mí, caminaba con miedo a derrumbarme.»

«Tras salir de San Lorenzo, erraba al azar por las calles; contemplaba, sumido en una emoción muda y profunda (los ojos muy abiertos y sin poder hablar), aquellos palacios (...): son fortalezas.»

«Me sentía feliz de no conocer a nadie, y de no temer verme obligado a hablar. Esta arquitectura en la Edad Media se ha apoderado de toda mi alma; creía estar viviendo con el Dante. Seguramente hoy no me han venido a la cabeza ni diez ideas que no pudiera traducir con un verso de aquel gran hombre. Me da vergüenza contar estas cosas, me harán pasar por un egotista

«como si me hubiese podido cruzar con ellos a la vuelta de cualquier calle, evito dirigir la mirada a los hombrecillos borrosos que pasan por estas calles sublimes, impregnadas aún de las pasiones de la Edad Media.»


«Uno ve las obras maestras de las artes alumbradas por la energía de las pasiones, y cómo después todo se vuelve insignificante, mezquino, deformado, cuando la tempestad de las pasiones deja de inflar la vela que debe poner en movimiento el alma humana, tan impotente cuando está sin pasiones, es decir sin vicios ni virtudes.»

Roma, Nápoles y Florencia. Stendhal. – Editorial Pre-textos

sábado, 11 de julio de 2015

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«Como un soneto no tiene más que catorce líneas, uno no corre nunca el riesgo de aburrirse mucho si lo empieza; amo este género con pasión. Hay ocho o diez sonetos en italiano que están entre las cosas más bellas que haya producido el espíritu humano.»

«Escribía todas las noches en 1816, pero no hago imprimir en 1826 más que aquello que me parece aún verdadero.»

« (...) hace un reloj que en veinte años no se estropea, y la miserable máquina a través de la cual vivimos se estropea y provoca dolor al menos una vez por semana.»

«Los Carracci (...) formaron (...) a una multitud de buenos pintores de segunda fila, que no tendrían rivales si vivieran en nuestros días. No amaron en el mundo otra cosa que su arte, (...), y murieron pobres, (...). Pero se habla de ellos dos siglos después de su muerte, y algunos seres románticos miran a veces sus cuadros con lágrimas en los ojos.»

«Pues bien, con permiso de nuestras dama filósofas o místicas, es precisamente ahí, en los límites de la virtud, donde se toma la temperatura al mérito de una mujer.»

«Tengo sed de música; una velada sin música me parece que tiene algo de seco y de infeliz.»

«que ya está mal visto por el poder simplemente porque publica libros, »

«pero uno viaja para encontrar cosas nuevas y ver a los hombres tal y como son.»

«Como oro en paño me llevo a casa un volumen cuadrado, pequeño, en cuarto, escrito con tinta amarilla; y es que Italia no sabe hacer tinta, pero sabe emplearla. Es imposible mostrar más sutileza, y sobre todo hablar menos en vano, (...) Jamás una frase vaga, jamás esas consideraciones generales y mortales con las que nuestros pequeños historiadores tan cruelmente nos hacen pagar el placer de haber tenido hombres geniales. En las cuatrocientas páginas del manuscrito, no hay un solo en efecto o un por lo demás inútil.»

«he comprado ciento cincuenta volúmenes de historiadores italianos de la Edad Media; (...). Los días de lluvia o de luna (spleen), leo un periodo de cuarenta o cincuenta años, (...); a continuación busco en los ciento cincuenta volúmenes todo lo que tenga relación con ese periodo. Es una ocupación muy atractiva y que contrasta no poco con la vida, volcada toda al exterior, de un viajero.»

«pero no era ese el cálculo de las gentes de letras, que querían brillar. Se han escuchado con impaciencia unos a otros, ha habido réplicas agrias; en una palabra, he disfrutado de todos los encantos de la velada literaria.»

Roma, Nápoles y Florencia. Stendhal. – Editorial Pre-textos