(el título de ayer se refiere a la llamada de la celulosa con que se hace el papel, el papel con que se hacen los libros: a la llamada de los libros; parafrasea el título de la novela de Jack London La llamada de la selva)
viernes, 11 de noviembre de 2011
jueves, 10 de noviembre de 2011
Llamada por un libro
Escuché una entrevista a Arturo Pérez-Reverte. A los veinte años me gustaban muchísimo sus libros, y además todavía lo encuentro muy atractivo y pienso que sabe hablar muy bien, sabe decir las verdades. Me gustó mucho lo que dijo de no creer en ninguna bandera, en el peaje que todavía está pagando el estado español por los malos gobernantes que tuvo en siglos pasados, el equiparar al periodismo a la actividad de las personas que venden su cuerpo.. Su gran hallazgo es este espadachín solo con su espada... Es un gran hombre y me alegro que venda muchos libros. Está bien que cree un tipo de best-seller que haga pensar y que no sea para ignorantes absolutos. A pesar de todo, ya hace mucho tiempo que no lo tenía en la cabeza, a él o a sus libros... Ya no leo lo mismo que cuando tenía veinte años... Incluso no leo lo mismo que cuando tenía treinta...
La entrevista que le hicieron ayer no me sirvió para contagiarme las ganas de volver a ponerme con sus libros (los primeros que escribió los leí casi todos), sino que la entrevista que le hicieron ayer me sirvió para contagiarme las ganas de leer a... ¡Quevedo!, este hombre del que Borges dice que es menos un hombre que toda una literatura, y del que he leído algún soneto en alguna antología (quedando muy convencida), pero no le he leído nunca ningún libro suyo entero. Hace tiempo que lo tengo en el punto de mira; sobre todo su poesía.
La manera como Pérez-Reverte habló de Quevedo me acabó de convencer, sino lo tenía ya en la cabeza, de la absoluta necesidad de conocerlo. Pérez-Reverte supo tocar el punto sensible de una de mis lagunas literarias, y me hizo venir muchas ganas de ponerle remedio. Quevedo... espérame, porqué tarde o temprano caerás en mis manos...
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Bloqueada para la ficción
Soy una escritora bloqueada por la ficción. Me explico: desde el año 2007 no he vuelto a escribir espontáneamente nada que pueda considerarse “ficción”, no he vuelto a inventarme ninguna historia como las que he incluido en Herba de paraules [poco a poco iré publicando todos los textos en castellano]; desde el año 2007 sólo he escrito el blog, que tiene un fuerte componente autobiográfico, y en el que, aunque aliñe las historias a mi manera, no me invento nada.
La medicación que tomo, así como el hecho que yo no me interese leer “ficción”, me parece que tienen mucho que ver: la medicación me impide “inventar”, para que no me intente cosas que no son y las confunda con la realidad, y los libros que leo han ampliado mis horizontes de lectura, que antes se reducían casi exclusivamente a la novela.
Cuando pensé en ser escritora, evidentemente, pensaba en ser una escritora de ficciones; concretamente siempre había querido escribir una novela.
Este post ya lo había escrito, aunque bajo otras formas.
La conclusión es que, para el futuro, debería replantearme si escribir una novela es lo que quiero, o no.
martes, 8 de noviembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
Objetando de la propaganda electoral
Por lo que se ve estamos en campaña electoral y durante quince días harán anuncios de propaganda electoral a toda pastilla por la radio... Me hago un firme propósito: llegar al día en que se acaben estos anuncios sin haber escuchando ninguno. ¿Vosotros creéis que una persona que tiene todo el día la radio encendida como yo puede conseguir algo así? (El tema de las elecciones no me interesa nada de nada. Pero no porqué las elecciones sean en España y no quiera saber nada de España –el tema del independentismo me parece otra gran zanahoria de porex-pan para generar división y frustración-, sino porqué creo que nuestra democracia es una charlotada –tanto la catalana como la española- y creo que nuestros políticos no mandan absolutamente nada, solamente hacen el papel. Paso.)
Si consigo pasar los quince días sin oír absolutamente nada de la campaña electoral por la radio, ¡me auto-obsequiaré con una gustosa piruleta!
Si consigo pasar los quince días sin oír absolutamente nada de la campaña electoral por la radio, ¡me auto-obsequiaré con una gustosa piruleta!
sábado, 5 de noviembre de 2011
La balada triste de la vida nocturna
Ir a la disco no me gustaba, y algún día explicaré porqué iba si no me gustaba nada de nada ir, lo odiaba. Pero, si no hubiera ido nunca a la discoteca ahora lo idealizaría y creería que me he perdido algo no yendo, como les pasa a las chicas de mi edad casadas y con hijos muy jóvenes que creen erróniamente que han renunciado a algo por no haber tenido jamás “vida nocturna”. Yo salí esporádicamente unas cuantas noches de sábado, durante un curso, cuando estudiaba, no se puede decir precisamente que haya hecho nunca “vida nocturna”. No me gustaba y era parte del autosabotage que me hacía a mí misma, ya que detestaba salir por las noches. He pasado por “la noche” de puntillas, pero he intuído lo suficiente de la vida nocturna para saber que este mundo no me tira, no me tiraba entonces y no me tira ahora. Ahora, entiendo que la vida nocturna tiene una especie de aura que hay quien cree que se pierde algo si no la ha hecho nunca, una idea que yo pienso que no es cierta. Entiendo que todo el mundo tiene sus gustos y sus prioridades en esta vida, y pueden ser diferentes de las mías y no pasa nada, pero encima de la rutina de cada día acostumbramos a idealizar lo que no hemos tenido, o no tenemos en este momento. Sentimos el anhelo de algo vago que no sabemos que es y pensamos que esto es lo que queremos. Tener crisis de estas cuando te vas haciendo mayor es lo más normal del mundo: si tienes hijos y una familia hechas de menos la vida nocturna, si vas a cerrar bares echas de menos una familia y unos hijos. Los hay que no renuncian ni a una cosa ni a la otra, con el subsiguiente sufrimiento de los hijos; tampoco soy nadie para juzgarlos. Lo que es yo, sólo espero que en futuro nadie pueda volver a obligarme a ir a lugares que no me gustan.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Las grasas en el punto de mira
En el libro El dectective en el supermercado se dice que el “demonio mayor” de la alimentación moderna son las grasas. Y es verdad. Cuantas veces no nos han dicho que las grasas son malas y cuantas veces no se nos anuncian productos que pretendidamente no tienen grasas (lo que no dicen es si tienen o no tienen sustancias peores...). Para un observador poco atento podría parecer como si el ideal de una alimentación sana fuera “ingerir cero grasas”.
Esto no es exactamente así. En la escuela nos explicaron que las células del cuerpo se alimentan, a grandes rasgos, de grasas, azucares y proteínas, pero que existen unas células concretas de los ojos que solamente pueden alimentarse de grasas, que no aceptan azucares o proteínas. Yo no soy científica y no sé si eso es exactamente así, pero lo recuerdo así. Pero, si eso fuera verdad, si estas células del ojo solamente aceptaran grasas, querría decir que las grasas no son exactamente el “demonio mayor”, y que el ideal no es precisamente “ingerir cero grasas”...
Los alimentos son una cuestión de medida, pero, por alguna razón (seguramente la necesidad judeocristiana de hacer penitencia) nos venden prohibiciones. Las grasas no son buenas o malas en sí, sino que son como todo: depende del uso que hagamos de ellas. No abusar de las grasas (que yo estoy de acuerdo que debe hacerse) no es lo mismo que “ingerir cero grasas” (que como ideal nutritivo es una tontería). Los alimentos son una cuestión de medida, no de prohibiciones, y no debemos de usar la alimentación, y la ingestión de grasas en concreto, como método sencillo y práctico para auto-flagelarnos y hacernos sentir culpables. Comer sano y con medida no es lo mismo que no comer.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Auto-discusión
Hoy quiero discutirme a mí misma.
Ayer dije: “Es la noche quien dice la verdad”. Esta frase no es mía, está sacada de otro escritor. (Quizá alguien se había dado cuenta, quizá alguien se da cuenta que a veces –no muy a menudo- en mis textos intercalo frases que no son mías. Si alguien se da cuenta y sabe de donde vienen estas frases – cada cual proviene de un origen diferente-, le felicito, porqué quiere decir que tiene un bagaje de lecturas superior al mío. Me siento muy honrada de tener lectores así. –Ahora, de los lectores que no lo adivinan también estoy muy honrada, ¡sólo faltaría!-) Como frase sacada de otro escritor que hago mía, se podría pensar que estoy de acuerdo con ella: “Es la noche quien dice la verdad.”
En principio, yo creía que era así, que estaba de acuerdo, sobre todo estaba de acuerdo con la poesía que tiene la frase... pero, me lo he pensado dos veces. Como persona que no ha salido de noche los últimos diez años, como persona que ha salido poco de noche en su vida, y como persona que no “cree” en la noche, no puede ir por el mundo diciendo que pienso que la noche es quien dice la verdad... Mi verdad es diferente.
Imaginaros una pareja que se conoce en una noche loca y pasan la noche juntos. ¿Es la noche quien les dice la verdad de su relación? No, es la madrugada. Después de lo que hayan podido hacer de noche, será la madrugada quien les dirá la verdad de su relación, la primera mirada al despertar: cuando despierten sabrán si están enamorados o si no quieren volver a verse. Por tanto, quien dice la verdad no es la noche: es la madrugada. Es el alba quien dice la verdad.
Como persona que se levanta con las primeras luces del alba y que “cree” en las madrugadas, cambio la frase prestada que puse ayer de “es la noche quien dice la verdad” –que había tomado prestado porqué me había pareció muy poética-, por esta otra de cosecha propia: “es el alba quien dice la verdad”.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
La noche: magia y trampa
Una vez una persona me preguntó si no me sabía mal haber renunciado a “la noche” para ser escritora... (Más cuando muchos escritores hacen de su asiduidad a los bares de copas una parte más de la imagen romántica que quieren transmitir como escritores: es escritor torturado y lleno de vicios, que bebe para olvidar una pena profunda que ni la noche ni la escritura pueden curarle... Pero aquí ya estaríamos hablando de escritores hombres, me parece que hay pocas mujeres escritoras que vayan a bares de copas de noche... ) A pesar de eso, yo no tengo conciencia de haber renunciado a nada por no salir de noche... Al contrario, me alegro mucho de no tener que hacerlo... Como decía una vecina un poco bruja que teníamos hace años: “Por la noche todos los gatos son pardos...”.
Pero... es la noche quien dice la verdad. De noche, el ritmo de los urbanitas se suaviza y es la hora de “confraternizar” por excelencia, después de un duro día dedicado al trabajo... Renunciado a la noche también renuncio a saber muchas cosas escondidas sobre las personas, muchas verdades que durante el día no se ven o que bajo el sol son de otra forma... La fauna oculta de la noche es una de las cosas que más ha fascinado a los escritores desde tiempos inmemoriales... muchos han sacado precisamente de estas experiencias nocturnas el material de su escritura... (Ahora, salir de casa buscando “material de escritura”, sea de día o de noche, no es el tipo de cosa que yo haga como escritora... aunque siempre esté observando el mundo como escritora.)
Pero, independientemente de la experiencia que pueda tener de la vida nocturna, no hay nada como despertar de buena mañanita con las pilas cargadas de vitalidad presto para empezar a hacer aquello que te apasiona... Tengo la teoría que sólo buscas algo más en la noche si durante el día no tienes una vida satisfactoria. Si durante el día haces lo que te gusta, no te sabe mal ir a dormir prontito y renunciar a los divertimentos nocturnos... La misión de una vida nocturna alocada, con mucha droga y bebida, es compensar los sinsabores del día, pero si ya has tenido un día bueno, no hace falta buscar nada más... Ahora, esta es una teoría muy personal y entiendo que haya quien no esté de acuerdo.
En resumen, hago esto tan aburrido de renunciar a la noche no porqué nadie me lo imponga o por razones morales, sino porqué he llegado a la conclusión que esta es la manera de exprimir mejor mi capacidad para leer y escribir. Estar pendiente de una vida nocturna demasiado activa me dispersaria.
Algo que a veces olvido es que a la gente le cuesta mucho menos comprender que seas una borrachina que sale cada noche que no que te quedes siempre en casa, sobre todo en lugares como el que yo vivo, donde los horizontes de la gente son tan limitados, y a la gente le parece que si eres joven y no sales y no vas a discotecas o bares de copas estás RENUNCIADO A UNA PARTE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA (¡!), y si no sales les das pena o eres el hazmarreir. Para mí no es así de ninguna de las maneras, pero hace tiempo ya que he renunciado a hacerlo comprender a nadie... Prefiero quedarme en casa leyendo, y eso debo esconderlo más que no si saliera a drogarme cada noche, porqué se comprende mucho menos...
martes, 1 de noviembre de 2011
Catarsis
“Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una narración o las utilizamos para explicar una historia.”
Isaak Dinesen (Karen Blixen)
No sabeis cuánto me gustaría comprovar esto por mí misma...
No sabeis cuánto me gustaría comprovar esto por mí misma...
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