lunes, 28 de marzo de 2011

Definiciones

definición de familiar/amigo – persona que te manipula.

definición de vecino/vecina – persona que te critica.

definición de compañero/a de clase/trabajo – persona que se ríe de ti.

definición de rollo/ligue – persona que explica lo que habéis hecho a todo el mundo.

definición de psiquiatra/médico – persona que está convencida que tu facilidad para expresarte por escrito es una parte más de tu tara.

definición de lector/lectora – persona que sólo microexiste en internet, pero no en ningún libro tuyo.


... ¿continuo?

domingo, 27 de marzo de 2011

Imbecilidad colectiva

Ayer, mientras se celebraba “la hora del planeta”, esta acción absurda que consistía en apagar todos los aparatos eléctricos, yo encendí todas las luces de la casa, la radio en todas las habitaciones, la tele, el secador, el microondas, el mini-pimer, el horno, la vitrocerámica, la máquina de hacer pan, la maquinilla de afeitar y el cargador del móvil. Además, me comí un bistec. (Por aquello de que el ganado bovino contamina tanto.) Cuando hubo acabado la hora volví a gastar la energía de siempre: exactamente lo mismo que hicieron todos los que apagaron las luces y los aparatos. ¿Qué casualidad, no? (Sólo que ellos se sentían “buenas personas”, y yo me sentía lo que es un ser humano sin poder evitarlo: un animal depredador que modifica el medio para sobrevivir. Podríamos volver a las cuevas... ¡aquello sí que era ecológico!) Representa que durante esta hora debíamos reflexionar (como aquel que se confiesa) sobre qué puede hacer cada uno de nosotros para salvar el planeta... A mi no me hace falta guardar una hora especial para hacer eso, y os aseguro que las conclusiones a qué llego no se parecen en nada a la necesidad de hacer una hora de “ayuno”. Por qué es eso: esta acción es una penitencia dentro de un mundo de mentalidad judeo-cristiana. En este caso, nos hacen pedir perdón por existir. ¡Imbecilidades colectivas a mí!

(Puntualización: la mitad de los aparatos eléctricos citados no los tengo, se trata de un recurso literario... pero, si los tuviera, ¡los habría enchufado!)

sábado, 26 de marzo de 2011

La teoría de la flecha

Cada post es una flecha. Una flecha no puede tener dos puntas.

viernes, 25 de marzo de 2011

Fotos No

Sé que alguna vez he dicho en este blog o en algún correo electrónico que “no creo en las fotografías”. Supongo que, en la época de la “imagen del mundo”, en que vemos el mundo más como es en las fotos, en los videos y en la televisión que como es realmente, más de uno se debe haber preguntado qué quiero decir cuando digo eso.

El verano del año 1998 hice un viaje con cuatro amigas más. Una de estas personas nos dio el viajecito, poniéndose a llorar cada dos por tres por una razón desconocida (desconocida para mí) y que todavía ahora agradecería que alguien me explicara. Pues bien, esta persona se ponía a llorar cada dos por tres sin explicar porqué y nos daba el viaje, como mínimo a mí me amargó el viaje. Pero en cambio, cuando hacíamos una fotografía sacaba su mejor sonrisa de anuncio de dentífrico: sabía posar como una persona alegre y despreocupada. Concusión: cualquiera que se mire sus fotografías de aquel viaje, con todas aquellas sonrisas, quedará convencido que tuvimos un viaje muy feliz, o como mínimo que aquella persona tuvo un viaje muy feliz. Y no fue así. Os aseguro que, cuando tenía lugar otra escena de lloros en que yo me sentía completamente impotente e inútil porqué no quería explicar qué le pasaba, y después se ponía a sonreír graciosamente para la foto como ni nada hubiera pasado, me ponía a reventar de rabia. ¡Es que sólo sonreía para quedar bien en las fotos! El resto del viaje: malas caras, lloros, no quería hablar...

De aquel viaje saqué dos conclusiones: la primera, que de ahora en adelante escogería mejor las personas con las que me voy de viaje; no he vuelto a ir de viaje con nadie más. La segunda, que las fotografía eran una de las cosas más falsas que existía, y que te podían dar una idea muy equivocada de cómo eran las cosas realmente; no he vuelto a hacer fotografías.

Es eso lo que quiero decir cuando digo que “no creo en las fotos”.

jueves, 24 de marzo de 2011

Felicidades envidiables

Esta semana en la revista he visto la noticia que una famosa modelo de piernas larguísimas ha dejado a su marido, un futbolista no menos famoso, porqué “su marido vivía a todo tren, y ella estaba constantemente sola”. De esta noticia me sorprenden dos cosas: la primera es que ella –tan guapa- no se hubiera casado con él por el dinero –él es tan feo...-, porqué, marchándose de casa ella no cobrará ningún divorcio millonario. Supongo que se debía casar con él por lo bueno que debe ser este futbolista en la cama, -porqué no creo que fuera por su conversación intelectual-, algo que me parece muy loable y muy razonable a la hora de escoger un marido. Ahora, estos que son tan buenos en la cama acostumbran a haber estado en demasiadas camas, lo que también es un obstáculo para un buen matrimonio, pero en fin. La segunda cosa que me sorprende es que diga que “estaba constantemente sola”. ¿Cómo es posible? ¿Una mujer que ha hecho suspirar a tantos y tantos hombres y cuando finalmente escoge un marido es un impresentable que la deja “constantemente sola”? ¡Pero yo creía que estas modelos de cuerpo perfecto no debían tener ningún problema a la hora encontrar un marido que las amara de verdad! ¿Cuántas mujeres en el mundo no querrían ser como esta modelo? ¿Cuántos hombres en el mundo no querrían esta casados con ella? ¿No tiene esta chica el cuerpo perfecto que representa que todas debemos suspirar por tener? ¡Y entonces ella va y dice que “está constantemente sola”! Como puede estarlo una persona cualquiera... Como los pobres y los feos... Es evidente que el mundo del lujo y el glamour de los famosos que nos sirven en bandeja de plata los medios de comunicación es el mundo de las apariencias y no es lo que parece... Y, ¿qué queréis que os diga? Me alegro de constatar que esta gente en el fondo son unos desgraciados. Sólo faltaría que después que son tan atractivos, viven tan bien y ganan tanto dinero fueran felices como lo somos los pobres y los feos! Y los gorditos. ¡Faltaría más!

martes, 22 de marzo de 2011

Los aficionados a los libros

Hay quien debe preguntarse quienes son los happy few...

Sólo se trata de una dedicatoria. Stendhal dedica misteriosamente su La cartuja de Parma “to the happy few”. El libro está en francés y la dedicatoria está en inglés. No hay más explicaciones, simplemente esta frase al final del libro, y de sus otros libros buenos, El rojo y el negro y Roma, Nápoles, Florencia. Él mismo lo traduce como “a las almas sensibles”.

Los happy few serían los pocos felices capaces de apreciar un libro como La cartuja de Parma, o sino concretamente este, algún libro similar, con valor literario. Los happy few están por encima de naciones, religiones o equipos de fútbol; no se diferencian por credos o fronteras: son los amantes de la lectura, aquellos de los que Virginia Woolf dijo que en el cielo no tenían nada que ofrecerles porque habían amado los libros. Aunque La cartuja es una obra muy europea, me imagino que de amantes de la lectura y de personas capaces de apreciar los buenos libros los hay en todos los países y todas las culturas, por extranjeras y poco desarrolladas desde nuestro punto de vista que nos parezcan, y aunque los libros no sean los mismos en todos los casos.

(No debe confundirse los happy few con la élite intelectual que lleva las políticas culturales de cada país como propaganda patriótica. Los happy few son los que leen de verdad, no como instrumento para prosperar, y están al margen de cárgos o políticas.)

Para decirlo lisa y llanamente: los happy few son los pocos felices capaces de apreciar los libros buenos, los pocos felices que disfrutan de verdad con un buen libro.

(PD Este es el tipo de cosa que si hubieran oído que decía los compañeros y la compañeras de clase de aquella época se habrían mofado de mí quince días seguidos. Yo no veo que tenga ninguna gracia. Ahora, tampoco puedo descartar que haya quien tenga un criterio más autorizado que el mío para determinar qué hace gracia.)

lunes, 21 de marzo de 2011

El peso apabullante de la masa


Hoy el twitter cumple cinco años. Yo nunca he tenido twitter pero soy observadora del fenómeno. Me acuerdo que cuando el twitter empezó sólo lo tenían los frikis. Recuerdo a un chico que conocía en aquella época tratando a otro de friki porqué se había hecho un twitter. Ahora el twitter lo tiene todo el mundo, y parece que eres un friki si no lo tienes. El otro día vi a otro chico tratando a un amigo suyo de friki porqué es la única persona que conoce que todavía no se lo ha hecho. No hay como sentirse “normal” y investido del derecho legítimo de tratar a los demás de frikis... La única diferencia entre ambas frases no son los cinco años pasados: la diferencia es que ahora “la mayoría” ha adoptado el twitter. Es decir, que parece que el frikismo o la normalidad se deciden por la cantidad de gente que está implicada en un fenómeno: si lo hace poca gente y lo haces, eres friki; si lo hace mucha gente y lo haces, eres normal. Y puedes ser friki o normal haciendo la misma cosa, la rareza o la normalidad no dependen de la cosa, sino de la cantidad de gente que haya implicada haciendo aquella cosa.

Pues este criterio en que “lo que hace la mayoría es normal, lo que hace la minoría es friki” me parece absurdo. Supongo que viene de la época en que vivíamos en las cuevas y una tribu que fuera más numerosa podía agredir a otra en que no hubiera tantos individuos, o la parte más numerosa de la tribu podía agredir a la parte menos numerosa, es decir, que el hecho de que la mayoría parece que tenga razón tiene su origen en la fuerza bruta que puede ejercer un grupo más numeroso sobre otro no tan numeroso.

Pero una mayoría también puede estar equivocada. La mayoría tiene mucho peso en el mundo internáutico. Cuanta más gente está implicada en algo, parece que este algo sea mejor, y no siempre es así. Que algo pueda tener interés para muchísima gente no debería ser criterio de nada, porqué sólo es un criterio cuantitativo, no cualitativo. Me parece que se debería revisar este criterio primitivo de “la mayoría” como detentora de la razón y de la normalidad, porqué nuestra identidad depende de lo diferentes y únicos que seamos, no del hecho que hagamos lo hace todo el mundo porqué lo hace todo el mundo...

domingo, 20 de marzo de 2011

Fray Luis “after hours”...

«Pidió se avisara a Ana de Espinosa, monja del monasterio del Madrigal, para que le mandara “una caja de unos polvos que ella solía hacer y enviarme para mis melancolías y pasiones del corazón, que ella sola los sabe hacer, y nunca tuve dellos más necesidad que agora.”»

Fray Luis de León

Ramón Andrés
No sufrir compañía

(¡caray con estos místicos!)

sábado, 19 de marzo de 2011

La honorabilidad de ser normal

En uno de los primeros posts de este blog (bueno, del Blog de una lectora; empecé hablando de libros) fue comentar un texto que se titulaba El cuado vacío que había aparecido en el número de octubre de 2005 en la revista Qué Leer. En este texto, quizá un poco duro, se denunciaba el bajo nivel cultural de los escritores de nuestro país, y de decía que el nivel cultural en literatura no es innato y que necesita convivir con la música, con la pintura y las conversaciones cultas.

No sabéis como me ha hecho romper la cabeza eso de ser consciente que hace falta tener habitualmente conversaciones de un cierto nivel intelectual si se quiere ser una persona que escribe con un poco de categoría.

Por decirlo amablemente, ni en el pueblo donde vivo ni las personas de mí alrededor tiene habitualmente lo que se podría llamar “conversaciones cultas”. Como mucho, hablar de sexo, dinero o fútbol. Y del tiempo, evidentemente. Y criticar mucho a los vecinos. (Los jóvenes de drogas y los viejos de medicinas y enfermedades). No quiero decir con eso que la gente de mí alrededor sean inferiores por ello. A cada cual le interesa lo que le interesa. No puedes pedir a un barrio de trabajadores que se reúnan a en la plaza del pueblo a hablar de Rodin, y tampoco han sido educados para tener otros intereses, han tenido que ganarse la vida, y eso no es demasiado compatible con según qué veleidades. De todos modos, si yo ahora insultara a la gente de mi pueblo por no ser capaces de interesarse por temas elevados no haría nada más que devolverles la pelota por haberme hecho sentir mal durante años por estar interesada en otras cosas y no ser “normal”, por haberme marcado con un estigma. Pero no lo haré eso de devolverles la pelota. Antes había envidiado a la gente que era “normal” y yo había querido ser “normal” y estar unida con los otros normales por el absurdo vínculo de la normalidad, que sabe sin que nadie se lo diga como y cuando debe burlarse de la gente que somos diferentes para encajar en el grupo. Pero ha pasado el tiempo y he cambiado de opinión. No puedes exigir a alguien que está inmerso en la lucha por la supervivencia que se interese por mucho más. Incluso los ricos del pueblo son campesinos ricos y no personas con una cultura elevada, aunque vayan más bien vestidos que los demás. (En mi pueblo, el “ir bien vestido” es una religión.)

O sea que tener conversaciones cultas con la gente de mí alrededor es bastante difícil, por no decir imposible, y estoy segura que con eso del blog alguien habrá que aprovechará para hacer befa de mí por eso que acabo de decir. La única excepción honrosa la constituyen unos cuantos libreros y las pocas personas que se acercan a hablar con ellos de vez en cuando. Son las únicas personas del pueblo que yo sepa con quien se puede tener una conversación más allá del sexo, el dinero o el fútbol. Y más allá del tiempo. Y más allá de criticar a los vecinos. Tampoco conozco a todo el mundo. Si hay más gente, es bien poca... No digo eso para criticar o para hacer quedar mal a nadie. Simplemente... lo pongo como ejemplo para ilustrar la falta de “conversaciones cultas” en mi vida, y por decir que estoy tan acostumbrada a hablar sólo de los temas que toca que no sé si sabría, de tener una conversación culta con alguien que estuviera preparado más allá de todo eso. Una vez un profesor mío me dijo que yo no estaba preparada para tener una conversación intelectual con un hombre maduro, que como mucho podría ser capaz de satisfacerle sexualmente...

Por eso, si quiero subir mi nivel como escritora y quiero tener conversaciones cultas, ¿dónde debo ir a buscarlas? Pues en la radio, evidentemente. Pero en la radio la mayoría de veces sólo hablan de fútbol, se debe buscar bien.

Hay un programa en Catalunya Música el domingo por la noche, una entrevista a una persona relacionada con el mundo de la música... Aquello es el ejemplo de conversación culta que a mí me gustaría ser capaz de tener con alguien. Pero incluso de programas de estos en la radio hay pocos... Quería dar fervientemente las gracias a Joan Vives y a su programa Solistes por ayudar a subir el nivel intelectual de mi vida (y del país) y haberme dado algunas de las sesiones de radio más felices de mi vida. Este programa ha sido mi refugio y mi lilimento, mi ventana de carne y hueso al mundo de los libros. ¿Vosotros creéis que hay alguna otra persona en este pueblo de gente adecuadamente normal y como se debe ser que escucha este programa? Y que no sea músico... entiendo que sea indispensable para los músicos... pero... alguien que no esté en el mundo artístico... Si hubiera alguien me sorprendería mucho. Y no porqué el programa no sea fantástico, sino porqué la gente no acostumbra serlo, de fantástica...

viernes, 18 de marzo de 2011

Ilusiones humanas

«La gente no desea nada con más fervor que una amistad desinteresada. La desea con fervor, pero sin esperanza.» - El último encuentro .- Sándor Marai

¿No os lo habeis preguntado nunca? Si todos buscamos lo mismo... ¿por qué acostumbramos a no encontrar lo que buscamos?